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domingo, 9 de julio de 2017

HOMO ERECTUS


El narrador, Romualdo Holgado Cariño, terapeuta aficionado postfreudiano aprovecha su clientela de la consulta así como a sus amigos, parroquianos del bar La Inmaculada Concepción de María’s (regentado por Mohamed, quien gracias al Corán dispone de tres esposas y, a pesar de él, no le hace ascos ni al alcohol ni al jamón serrano), para encubrir un ensayo divertidísimo sobre el sexo y su evolución. Tras un concienzudo análisis basado en estudios psicológicos, médicos o sociológicos, encuestas y noticias reales, Juan Eslava Galán reflexiona con humor lo ocurrido al homo erectus. Por supuesto, este humor no está exento de lo que es una seña de identidad en su escritura, el sarcasmo para, de manera mordaz y desenfadada, hacernos ver que la sociedad no tiene el arreglo que nos gustaría. Las notas a pie de página forman por sí solas un segundo libro, en principio mucho más real que la ficción de nuestro terapeuta, y sin embargo, a veces no se distingue bien el chiste o el chascarrillo de la noticia.

Estructuralmente, Homo erectus se divide en tres partes: El libro primero: Evolución, está compuesto por 43 capítulos en los que se repasa el proceso sexual del ser humano en una sociedad que también ha avanzado. Partiendo de una base científica, se razona sobre la forma de ser del hombre y la mujer desde la prehistoria; cómo curiosamente ésta está preparada para tener el orgasmo más retrasado que el hombre, por el sencillo hecho de poder asegurarse el embarazo tras varios coitos sucesivos, debido a que el mono ancestral sólo copulaba cuando la mona estaba en celo, en el periodo de ovulación.

Una vez que se va desarrollando el cerebro, el mono quiere asegurarse de que la progenie le pertenece, por lo que sale a cazar mientras la mona guarda la prole y se encarga de todo lo demás. Ha nacido la familia y, desde siglos, la mujer ha venido soportado cualquier capricho del marido por miedo al abandono, debido a la falsedad, tanto tiempo en marcha, de que el hombre era más inteligente porque su cerebro pesaba más «El de la mujer es algo menos voluminoso que el del hombre, pero sus dos hemisferios presentan un 30 por ciento más de interconexiones nerviosas, lo que determina mayor operatividad y una media de inteligencia ligeramente superior».

La mujer había de tener cuidado; todavía hoy, desgraciadamente, porque lo que es cierto es que el hombre es más fuerte, y si ella topaba con un «macho alfa, debido a su tosquedad mental, se rinde y cede o [...] zanja la discusión con un tortazo».

En fin, debido a las diferencias físicas, psicológicas e intelectuales, el estado del matrimonio es peliagudo porque lo que a las mujeres les gusta, a los hombres no tanto «La extraordinaria inteligencia emocional de la mujer capta pequeños detalles, sutiles señales, imperceptibles cambios emocionales, descifra el lenguaje corporal, advierte afectos y desafectos. Los hombres, mucho me temo, carecemos de esas cualidades».

La testosterona es la causante de que durante la juventud el hombre sea más agresivo, cuando disminuyen los niveles se debilita la agresividad. La progesterona y los estrógenos son responsables de mayor grasa corporal en la mujer y de la sensibilidad excesiva sobre todo durante la ovulación, por eso, si un matrimonio sabe adaptarse a las diferencias logrará funcionar relativamente bien. A partir de ahí, de la base científica, la irreverencia se mezcla con la acidez para convertir todo el razonamiento en una lectura ágil, agradable y divertida. Algunos capítulos empiezan con chistes, sobre todo si la reunión tiene lugar en el bar, que aunque suelen ser malos imponen una sonrisa al lector «—Madre-de-siete-hijos, ¿tienes preparada la cena? —Aquí la tienes calentita, Padre-de-cuatro-hijos». Otros sucesos, sin embargo, son tan divertidos que no estamos seguros de que hayan ocurrido realmente, aunque ya se sabe: la realidad supera a la ficción en muchas ocasiones «Es notorio [...] la mamá del que hace de Niño Jesús intimó con uno de los padres presentes genéticamente superiores a su marido [...] Las monjitas comenzaron a cantar “Dime niño, ¿de quién eres?” [...] —Vámonos hijo, que son todas unas bichos».

Cuando Romualdo Holgado alude irónicamente a los engaños matrimoniales y al posible amante, aún no estaba la LOMCE, de ser así, los mejores colegios se hubieran convertido en colegios privados multilingües desde parvulario, para aquellos amantes que pretenden hacer creer a la mujer objeto de su deseo que «su marido no la merece, “Incluso tus hijos están mejor conmigo, seré como un padre para ellos y los matricularemos en los mejores colegios, nada de LOGSE analfabeta”».

Sin embargo hay capítulos que, más que humor, o datos científicos, son un compendio de normas para las parejas que, aunque evidentes, no viene mal recordar a menudo, o saber: El beso o morreo (capítulo 24), El clítoris y el punto G (capítulo 27) y Rutinas de mantenimiento (capítulo 33).

En esta evolución, el hombre ha ido subiendo con celeridad hasta llegar a lo más alto del mal llamado patriarcalismo, vulgarmente machismo, para caer no tan de repente como a él le parece, pues la mujer también ha ido evolucionando aunque más despacio, y se ha dado cuenta de qué es lo que se espera de ella en la sociedad «conservar la apariencia de una veinteañera genéticamente idónea para la procreación que atrae al macho proveedor-protector», por lo que, como al final eso es imposible decide, la que puede, dejar a su marido. Así se ha formado el club de las segundas esposas.

El segundo libro: Revolución, lo componen 18 capítulos, del 44 al 62, en los que la importancia recae sobre todo en la mujer y, como su nombre indica, en la revolución que ha ido emprendiendo desde que fue consciente de su valía. Es curioso que el capítulo 44 comience con una expresión que va tomando más fuerza cada día en el significado, tanto literal como metafórico «¡Las mujeres se nos han encimado!»; de hecho la palabra va siendo sustituida por el préstamo empowerment de las feministas americanas.

Creo que en esta parte, más si cabe que en la primera, es en las expresiones de algunos personajes de la tertulia o de su consulta, o en las notas a pie de página, donde el humor toma más fuerza «Quieren que seamos o todos moros o todos cristianos5. O sea no aceptan que el orden natural, de toda la vida ha sido que les exijamos fidelidad sexual mientras nosotros dispersamos nuestros genes por todo el hembrerío.
5 Es un dicho que no tiene más alcance, pero si lo tomamos al pie de la letra va a ser que todos moros, por ese camino vamos»

Es cierto que el recuerdo de los años 60 nos hace sonreír, ¡qué lejano lo vemos! «exigieron cocinas alicatadas hasta el techo con un fridge y horno para guardar sartenes»; la mordacidad de los comentarios no quita un ápice de verdad; al menos en la mayoría de casos, aunque la mujer tuviese cocina con horno, seguía llevando los asados a la panadería más cercana. Pero en realidad el día a día funcionaba de otra manera y, como casi siempre no fueron los españoles, sino en este caso los norteamericanos, quienes se dieron cuenta y lo dejaron por escrito «Si la sociedad española posee un mínimo de estructura, lo debe a los esfuerzos y sufrimiento cotidianos de las mujeres españolas [...] en caso contrario sería un paisaje de insensata anarquía (España pagana. R. Wright, Pléyade, Buenos Aires, 1970)».

Donde encontramos más acidez es en lo relativo a nuestra época, ¿es que no hemos cambiado tanto como creemos? ¿o es que, en nuestra evolución hemos experimentado una regresión? «—¿Cómo voy a darte tetas y culo —protesta la Naturaleza hecha un lío— si las tetas y el culo son acumulaciones de grasa y tú insistes en mantenerte esquelética».

A lo largo de todo el libro hay fotos y láminas —miserables algunas de ellas— que recogen visualmente el terrible testimonio de varias épocas de la Edad Contemporánea; después de verlas nos quedamos bloqueados al llegar a la conclusión de que hoy experimentamos nuevas situaciones desastrosas por satisfacer el instinto antes que el cerebro «Gracias al turismo sexual, enfermedades que se consideraban erradicadas en Occidente, la sarna entre ellas, han regresado».

Las reflexiones sociales nos ponen en nuestro sitio; es cierto que la vida hay que tomarla con humor, pero determinadas condiciones aberrantes se siguen dando actualmente y no hacemos lo suficiente por eliminarlas, como la ablación del clítoris de culturas «supuestamente respetables distintas a la occidental», como permitir que las niñas occidentales irrumpan en el mundo adulto maleadas, gracias a internet, o como aprobar que la mujer de hoy siga estando obligada a «embutirse en tallas inferiores de las que necesitan» para sentirse integrada en una sociedad que no ha dejado aún que la mujer sea valorada por lo que es y no por su aspecto físico. Con el sexo, tanto en hombres como en mujeres, sucede algo parecido, queremos ser tan perfectos que al final caemos en el hastío por comparación.

Homo erectus es un libro recomendable, yo diría que desde la adolescencia, no perdemos la sonrisa, incluso caemos a veces en la carcajada, pero tampoco perdemos el punto de vista mordaz que Eslava Galán siente ante los humanos en general, algunas instituciones, como la Iglesia, quedan denostadas sin problema, «...no podía practicar su afición los domingos y fiestas de guardar dado que, a la hora en que la comunidad travesti celebraba sus saraos, él tenía que estar oficiando para los feligreses de su parroquia» y ante las incongruencias particularísimas de muchos de nosotros, más de los que pensamos, no sólo de los que están cara a la galería, de ellos hay citados ejemplos de Tita Cervera, Isabel Preysler o Ana Obregón, quien como «ha observado agudamente: “Fíjate que las más tontas tienen a los listos más maravillosos y las listas e independientes están solas.” En efecto, tú que te creías tan lista y que siempre has tenido hombres con los que “salir” descubres, de pronto, que has alcanzado cierta edad y no tienes un hombre con quien “entrar”»; también el español de a pie debe olvidar sus fanfarronadas y conectar con mujeres rusas o latinas, vía internet porque «la mayoría tienen alguna tacha que les impide acceder por una vía normal».


La tercera parte, el Apéndice, son datos reales, escalofriantes y humillantes en los que queda constancia del machismo imperante desde las sociedades ancestrales hasta las actuales. Es cierto que hemos cambiado (y mucho) en las formas, pero en el fondo siguen dándose situaciones que están desamparadas por las leyes, o las ignoran, tanto humanas como divinas.

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