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domingo, 30 de abril de 2017

TODO ES REAL



Hay algo en Todo es real que me fascinó desde el primer poema, puede que sea el ritmo rápido del verso o puede que su vocabulario coloquial, salpicado, sin embargo, de algún término específico, culto, mitológico que paradójicamente consigue una lectura más fluida de la poesía de Misael Ruiz Albarracín.

Ahora viene la mayor incógnita, ¿dónde estaba este poeta hasta ahora? ¿o dónde estaba yo que no había oído hablar de él? De nuevo una alumna me ha sacado de la oscuridad; mi amiga invisible me ha regalado este XXX Premio Internacional de Poesía Antonio Oliver Belmás. Nunca podré agradecer bastante a los alumnos su alegría, disposición y bondad pero, cuando me abren los ojos a lo desconocido el agradecimiento se transforma en reconocimiento, en algo que, aunque a algunos les parezca imposible, nunca olvidaré.

Gracias, Carlota, por este libro, indudablemente merecedor del premio.

Todo es real es una colección de 51 poemas divididos, en principio, en tres partes:

Flujo o materia: 11 poemas
Ida y vuelta: 28 poemas
Todo es real: 12 poemas

Los poemas de Flujo o materia establecen desde el principio la belleza de lo efímero, el milagro de lo que es y deja de ser, lo que creemos que es nuestro verdadero mundo, formado por nuestras palabras, por aquellas que conocemos y en las que nos encerramos para no salir de él; el inesperado paraíso sólo nos acerca a la muerte, por el contrario, la vida nos obliga a sentir la angustia de lo que nos rodea, que, por supuesto, está fuera de ese paraíso. El verdadero no está formado de materia o de nuestro flujo de palabras y pensamientos, el verdadero paraíso mantiene la esencia de lo natural a pesar del paso del tiempo.

Los poemas de Ida y vuelta se recrean más en el individuo, en el ser capaz de penetrar en los demás a través de la naturaleza. El tiempo es circular, todo se repite, sólo hemos de contemplar a nuestro alrededor para darnos cuenta de que no somos dueños de nada

Ya he estado donde estoy,
en otro cuerpo, en otro tiempo.

Lo que somos es un compendio de sensaciones y palabras, que permanecen en la memoria mientras vamos siendo. La verdadera opulencia del ser está en la introspección; es lo que de verdad nos pertenece y es sólo nuestro

la del silencio y el vacío, la
del aire que apenas se mueve,
la del olvido, la de la vida
sin huella, la de lo nunca dicho

Como si fuéramos una ola podemos sentir la formación y el declive a partes iguales, en un momento:

                     ...y, un instante
es la ola en todo su esplendor.
En ese instante nace
su muerte...

Aunque de lo que nos haya hecho conseguir el esplendor sólo recordaremos secuencias, ficciones

Somos como una pequeña tribu de animalillos que disfrutan la vida a través del deseo:

Esta mañana, un petirrojo,
un mosquitero y una curruca
[...]
La abubilla sacude
su áspera corona.
No recuerda su crimen:
ha olvidado al vencejo
...

y lo hacen porque no se sienten más que nadie, no tienen conciencia de su identidad en la sociedad

es el mismo y no es el mismo
de hace un año.

Este tema que trata del ser como individuo social nos recuerda a los versos del maestro:

Creo que una brizna de hierba no es menos
que el camino que recorren las estrellas
y que la hormiga es perfecta
y que también lo son el grano de arena y el huevo del zorzal,
y que la rana es una obra maestra digna de las más altas,
y que la zarzamora podría adornar lo salones del cielo
...

Pues, si Walt Whitman cantó a la maravilla que es la vida humana, Misael Ruiz hace una llamada a que aprendamos a intuir las sensaciones de la naturaleza para que luego puedan calar, hondas, las palabras.

Si aprendemos a identificar las sensaciones que nos manda la vida estaremos también familiarizados con la muerte, como si se tratase de un ciclo natural, nada traumático

                     ...no siento
felicidad ni tristeza; solo
el frío en la yema de los dedos.

Este segundo apartado de Ida y vuelta nos advierte de que a veces vienen recuerdos, otras se van, a veces acuden imágenes que desaparecen enseguida, otras veces encontramos cosas que son realmente sombras de lo que fueron. Todo va y viene de forma efímera, por eso no debemos olvidar que la muerte está presente, no podemos evitarla aunque intentemos constantemente no hablar de ella

juega con él, deja que huya
allá donde lo espera.

No es traumático el dejar de ser materia puesto que

                                 Quedarán
sus cuerpos inútiles proyectados
hacia el interior de otro cuerpos,
[...]
                     Renacen en un gesto, una
 idea, un afán o un sueño injertado
 
Ruiz Albarracín continúa con el mismo optimismo que embargó a Whitman. Todo renace desde el momento en que una flor nos recuerda a otra que teníamos hace tiempo, en el instante en que una sonrisa o una lucha por conseguir un ideal nos lleva hasta otros que no están presentes pero siguen, como flujo, con nosotros. Sólo quienes olvidamos son los que mueren de nuevo.

La vida son recuerdos y deseos, si nos falta el deseo, el fuego que arde en nuestro interior, nos quedan sólo cenizas, estaremos muertos. El deseo es como un viento, es la potencia que nos empuja, si no hay deseo estamos acabados; nos dejamos llevar por él, por eso, cuando se desvanece porque ya se ha obtenido, se va hacia otros cuerpos

Veo el deseo
[...]
Me acerco
[...]
                     disuelto
ya en su carne, nada soy
sin él.
[...]
errático
hacia otros cuerpos
que se anudan
convulsos...

Nada puede perdurar ni detenerse. Todo pasa, hasta los buenos momentos

Igual que el sol
no puede detenerse a mediodía,

En esta Ida y vuelta la vida, así como la muerte, se encuentran en la naturaleza. Ella nos lo da todo y nosotros somos

         ...como la alimaña
que se oculta entre las zarzas

El secreto está en saber vivir y renacer en cada ocasión, fundiéndose en los demás, disfrutando, sin obsesiones preocupantes, dejando que pase el tiempo de forma constante

Ser la llama y el humo,
extinguirse: arder.

Me gustaría poder afirmar que en estos sentimientos del deseo aparece una gran influencia de los poemas de amor de Cernuda para quien «Donde habite el olvido» es «donde el deseo no exista»

En El pájaro celeste descubrimos gran influencia de la Generación del 27; la o igualadora de Cernuda en «canto o cuerpo», la elisión del verbo para dejar el concepto «tu oro, las estrellas», y por supuesto, «la sombra del paraíso» es como en Vicente Aleixandre, la naturaleza que recuerda a antes de estar mancillada por el hombre, por eso

seas sólo aire y, en el aire,
un tumulto de sueños,...

La voz poética de Misael Ruiz anhela el glorioso cosmos perdido. Asimismo el lenguaje se torna más surrealista aunque sin llegar al de principios del XX

Pájaro —canto o cuerpo—:
tu oro, las estrellas.

El final del libro Todo es real resuelve la disyuntiva del principio, también aquí es igualadora
la conjunción de Flujo o Materia, y viene a certificar lo expresado anteriormente. La realidad va cambiando, lo que se repiten son las sensaciones

                     las palabras
nacen sin saberlo entre los dedos:
nada vuelve, todo
es real.

La realidad, es personal, cada uno tiene su propia realidad y consiste en pasar por la vida como un elemento más sin conciencia de ser algo importante. Formamos parte de un todo desigual —no uniforme— en el que las cosas están porque sí. Si no intentamos sólo poseerlas podremos llegar al fondo de la esencia de cada una, que es la nuestra en realidad. Nosotros estamos en la esencia de las cosas.

El sueño no es sino el eco de la realidad, de la vida. Si el deseo nos hace espíritu todo se iguala, la vida y la muerte

En el vacío de una voz
resuena el eco de los muertos
tan real como el eco de la voz.

Misael Ruiz Albarracín, con un lenguaje totalmente natural realiza una poesía que refleja gran interés por el deseo, del que reafirma su brevedad. En las páginas de Todo es real define el amor y la muerte contrastando sensaciones. La actitud lírica que predomina es carmínica, en una expresión total de sentimientos.

Es cierto que el lenguaje es natural, sin embargo a veces emplea una sintaxis caprichosa con la que consigue aportar cualidades a verbos «¿por qué entonces no amar incontinente?» ;de esta forma el verbo se nominaliza y adquiere presencia de concepto.

Destacan metáforas «palabras labradas en el aire», algunos oxímorons que confieren el punto surrealista «autómatas animados», «el soplo de los muertos». Las sinestesias nos unen a la naturaleza «se alimentó del color de la tierra»; de hecho el vocabulario coloquial  se torna específico al tratarse de la naturaleza: páramo, zarzas, pastor-poeta, jacarandá, zarzaparrillas, encinas, algarrobos...

A veces incluso compara órganos del ser humano con elementos de la naturaleza para darles vida propia, libertad o fugacidad «El ojo [...] alza el vuelo como un ala». Otras veces  animaliza el mundo vegetal mediante perífrasis tan largas que se hacen imposibles «brisas / que llegan con la tarde a desovar / su tierra, su color, su aroma extraño».

Las imágenes mitológicas también aparecen: Aracne, Orión, Femio, el Cielo estigio de Caronte pueblan las páginas para recordarnos amores y muertes proyectados a través de sueños o ideas.

Todo es fluir, la vida fluye, los sentimientos, los deseos, y nada los podrá parar, se irán recomponiendo, reestructurando en otros para conseguir que la vida y la muerte sean imperdurables en el amor.

Bello Todo es real
Bella la poesía

Bella la amistad

miércoles, 12 de abril de 2017

LA CASA DE BERNARDA ALBA


Si hay alguna obra que tiene trascendencia universal es sin duda La casa de Bernarda Alba. García Lorca consiguió elevar a tragedia un drama rural. La función coral de María Josefa o de la Poncia en ocasiones, es premonitoria del trágico final, y otras veces sitúa con sus comentarios al espectador en el porqué de esa realidad que se está representando.

Poco podemos aportar a los numerosos estudios de esta obra, conocemos la disposición fotográfica de unos personajes que, por mucho que lo intenten, no pueden salir de ese marco que las oprime, y que funciona como una cárcel que limita sus movimientos o como un convento que limita sus pensamientos.

Conocemos el realismo que impregna el argumento, lleno de recuerdos infantiles del autor. Conocemos el simbolismo que envuelve la obra, desde los nombres de las protagonistas hasta el color (blanco-negro-rojo-verde) pasando por metáforas simbólicas de la vida, la muerte o el sexo.

Conocemos los temas predominantes de la obra: la opresión, la dictadura, el sometimiento, las habladurías la hipocresía, el conflicto autoridad-libertad, la envidia...

Conocemos, en fin, la fuerza inequívoca de Federico García Lorca y su determinación tan valiente al denunciar una situación intolerable para el ser humano en general y para la mujer en particular.

Por ello, ahora, intentaremos la realización del comentario crítico de una escena:

Adela:      Por eso procuras que no vaya con él. No te importa que abrace a la que no quiere. A mí, tampoco. Ya puede estar cien años con Angustias. Pero que me abrace a mí se te hace terrible, porque tú lo quieres también, ¡lo quieres!
Martirio:  (Dramática.) ¡Sí! Déjame decirlo con la cabeza fuera de los embozos. ¡Sí! Déjame que el pecho se me rompa como una granada de amargura. ¡Le quiero!
Adela:      (En un arranque, y abrazándola.) Martirio, Martirio, yo no tengo la culpa.
Martirio:  ¡No me abraces! No quieras ablandar mis ojos. Mi sangre ya no es la tuya, y aunque quisiera verte como hermana no te miro ya más que como mujer. (La rechaza.)
Adela:      Aquí no hay ningún remedio. La que tenga que ahogarse que se ahogue. Pepe el Romano es mío. Él me lleva a los juncos de la orilla.
Martirio:  ¡No será!
Adela:      Ya no aguanto el horror de estos techos después de haber probado el sabor de su boca. Seré lo que él quiera que sea. Todo el pueblo contra mí, quemándome con sus dedos de lumbre, perseguida por los que dicen que son decentes, y me pondré delante de todos la corona de espinas que tienen las que son queridas de algún hombre casado.
Martirio:  ¡Calla!
Adela:      Sí, sí. (En voz baja.) Vamos a dormir, vamos a dejar que se case con Angustias. Ya no me importa. Pero yo me iré a una casita sola donde él me verá cuando quiera, cuando le venga en gana.
Martirio:  Eso no pasará mientras yo tenga una gota de sangre en el cuerpo.
Adela:      No a ti, que eres débil: a un caballo encabritado soy capaz de poner de rodillas con la fuerza de mi dedo meñique.
Martirio:  No levantes esa voz que me irrita. Tengo el corazón lleno de una fuerza tan mala, que sin quererlo yo, a mí misma me ahoga.
Adela:      Nos enseñan a querer a las hermanas. Dios me ha debido dejar sola, en medio de la oscuridad, porque te veo como si no te hubiera visto nunca.

(Se oye un silbido y Adela corre a la puerta, pero Martirio se le pone delante.)

Martirio:  ¿Dónde vas?
Adela:      ¡Quítate de la puerta!
Martirio:  ¡Pasa si puedes!
Adela:      ¡Aparta! (Lucha.)
Martirio:  (A voces.) ¡Madre, madre!
Adela:      ¡Déjame!

Es una de las escenas finales de La casa de Bernarda Alba en la que Adela y Martirio se enfrentan, pues finalmente sale a la luz el conflicto surgido entre ambas. Las dos quieren a Pepe el Romano pero mientras Martirio lo ama de forma platónica, Adela es la que está con él, y él va todas las noches a verla a pesar de que se casará con Angustias sólo por su dinero. Angustias es la mayor, la que ha heredado más a la muerte de su padre primero y de su padrastro después.

El luto, que le viene durando toda la juventud, parece terminar con su boda inmediata, sin embargo esta escena es el preludio de la continuación del dolor que oprime a las cinco hijas de Bernarda.

Martirio sabe que Pepe el Romano se ve con Adela y está dispuesta a evitarlo por celos; no le importa que Angustias se case pues sabe que él no la ama, ni siente pasión por ella (las perlas que le regala como anillo de compromiso son evidentes), pero con Adela es diferente, Martirio siente celos de su hermana pequeña, no puede soportar saber que otra lo gozará y le advierte que no la dejará. Sin embargo Adela no está dispuesta a obedecer a Martirio, le dan igual las malas lenguas del pueblo y engañar a su hermana pues se ha enamorado. Adela ha determinado salir de su casa y vivir libre con Pepe el Romano. Martirio, desesperada, llama a su madre cuando comprende que Adela se irá tras su enamorado.

A las voces acuden todas, Bernarda dispara aunque Pepe logra huir, pero Martirio afirma que lo ha matado. Adela, rota de dolor, se suicida dejándolas sumidas a todas en el luto perenne. Bernarda avisa del silencio al que seguirán sometidas todas, después de amenazar con dar muerte a Pepe el Romano en cuanto lo vea.

Así pues, nos encontramos ante una escena decisiva para el desenlace de esta obra por lo que se convierte en una de las más trágicas. En ella salen a la luz el odio, el rencor, la rivalidad, los celos entre las hermanas y el ansia de libertad que tienen todas.

Asimismo aunque Bernarda no aparece, las connotaciones de la represión que ejerce hacia sus hijas, se explicita en la llamada de Martirio: necesita a su madre para que la ayude a controlar a su hermana y ponga fin a sus deseos.

A pesar de ser un diálogo realista, en el que podemos apreciar alguna expresión popular «mientras yo tenga una gota de sangre en el cuerpo», la poesía lorquiana aparece en el texto, bien en forma de símbolo erótico, de libertad sexual «Él me lleva a los juncos de la orilla», bien como metáfora «no quieras ablandar mis ojos» o como imagen dramática metaliteraria «Déjame que el pecho se me rompa como una granada de amargura» o bíblica «me pondré delante de todos la corona de espinas».

El tono que emplean las dos hermanas es desesperado, ambas quieren que sus deseos prevalezcan y ninguna está dispuesta a dar su brazo a torcer. A pesar del dramatismo la entonación se adivina contenida, pues en principio no quieren despertar a nadie, sobre todo para no ser descubiertas y por lo tanto, para dejar sus sentimientos encerrados como hasta ahora. Pero la decisión de Adela «yo me iré a una casita sola donde él me verá cuando quiera» y la llamada de Pepe «(Se oye un silbido...)» consiguen que Martirio se asuste de verdad y grite buscando ayuda «(A voces) ¡Madre, madre!».

Los gestos son fundamentales en toda la tragedia; en esta escena encontramos que los movimientos de Martirio son de acentuado dramatismo, por lo que al avisar a su hermana de que quiere a Pepe podría realizar un gesto ilustrador como abrirse el pecho, para dar credibilidad a los celos que siente.

Igualmente apartaría a Adela, en un gesto regulador para indicarle que no quiere su abrazo, no quiere seguir interactuando con ella. Al final de la escena compondría otro gesto regulador, al impedirle el paso por la puerta. Con los gestos, el carácter  rencoroso de Martirio y su odio hacia Adela quedan patentes. Sin embargo, la hermana pequeña, en medio de la discusión tiene un momento de ternura y mediante el gesto emotivo del abrazo pretende unirse a ella; tampoco quiere ser la causante del encontronazo familiar, por lo que ante la orden de Martirio «¡Calla!» podría encogerse de hombros, en un gesto adaptador con el que pueda manejar la tensión del momento «(En voz baja) Vamos a dormir». Sus gestos indican que Adela no ha acumulado aún desprecio por su familia, sólo lucha por su libertad.

La intención de Lorca al escribir la obra fue poner de relieve la condición inferior de la mujer en general y lo que se puede conseguir al privarla de libertad de acción, libertad de palabra, libertad sexual o incluso libertad de pensamiento, que no es otra cosa que obtener seres sumisos pero llenos de odio y de ansias de venganza, seres embrutecidos incapaces de razonar. En esta escena, Martirio es la que representa estas consecuencias. Asimismo la actitud de Adela tiene la función dramática de advertir que lo importante para el ser humano no está en la realidad, si ésta se presenta rodeada de cadenas.

El espacio de actuación es reducido. Ambas hermanas están juntas, no tanto por las leyes universales de la proxémica, que regulan la distancia denotativa de intimidad, sino por la situación: es de noche y no quieren despertar al resto de la casa. Así pues, la distancia entre ellas es mínima, excepto cuando se oye el silbido de Pepe el Romano; entonces Adela corre hacia la puerta con gesto abierto y liberador, siente que la opresión experimentada hasta ese momento desaparece y corre hacia la libertad pero Martirio se lo impide invadiendo ese espacio que ella busca y por el que incluso se decide a luchar, olvidando por momentos su naturaleza pacífica.

El peinado será también connotativo de la situación de cada una. Martirio llevará el pelo recogido, como todas en la casa, cubierto por un velo, según ordena Bernarda al principio de la obra, mientras que Adela lo lleva suelto (tal y como podemos leer en la acotación que abre la escena) y algo despeinado, índice evidente de haber estado en el establo con Pepe. El contraste entre las hermanas es notorio, Martirio es el símbolo de la represión sexual mientras que Adela representa el amor, el goce y la pasión erótica.

A pesar de ser durante la noche la diferencia en el vestuario refuerza lo anteriormente comentado. Ambas hermanas habían oído llegar a Pepe el Romano, ambas salen en camisa de dormir, pero mientras Adela va de blanco, color que llevará puesto hasta el final de la obra, Martirio se echa por encima de las enaguas un mantón negro. (En ese momento aparecerá María Josefa que entretendrá a Martirio dando lugar a que Adela pueda estar con Pepe y a la discusión que ocupa esta escena.) Así pues el contraste entre la pureza y sencillez de carácter de Adela y la oscuridad y complejidad del resto queda puesto de manifiesto en el escenario por los movimientos, por las palabras, el gesto, peinado o vestuario. Si tenemos en cuenta que el escenario, con las puertas cerradas, representa la opresión sufrida por la mujer en su propia casa, podemos concluir que ese espacio es símbolo de la sumisión y dominio a los que se ve sometida tanto física como psicológicamente.

Por todo lo analizado podemos evidenciar que la iluminación de la escena es escasa, no sólo por encontrarnos de noche sino también por las puertas cerradas y por el temor a ser descubiertas. En esta oscuridad se hará patente un juego de luz y sombra, ilusión y realidad, reforzado por el efecto de la luna, que será connotativo de la muerte según afirma Adela «Ya no aguanto el horror de estos techos», y denotativo del ahogo opresor que se deduce de las palabras de Martirio «Déjame decirlo con la cabeza fuera de los embozos». Es la denuncia de Lorca a la soledad de la mujer, que ni siquiera encuentra consuelo en la religión «Dios me ha debido dejar sola en medio de la oscuridad».

De hecho, y como curiosidad, el estreno mundial de L C B A fue el día internacional de la mujer de 1945, en Buenos Aires, con Margarita Xirgu en el papel de Bernarda.

Aquí, en España, Ángel Facio dirigió con éxito en 1976 a Ismael Merlo representando a Bernarda.

Algo más tarde, en 1987, Mario Camus realizó una versión cinematográfica con Irene Gutiérrez Caba como protagonista.


Por último, en 2010, podemos destacar la representación que, en el Teatro Español de Madrid, llevaron a cabo las mujeres analfabetas, y de etnia gitana, del poblado chabolista de El Vacíe de Sevilla; dirigidas por Pepa Gamboa estas actrices no profesionales llevaron la obra a las tablas con gran autenticidad y energía.

jueves, 6 de abril de 2017

LUCES DE BOHEMIA



He terminado de leer Luces de Bohemia y, mi admiración por Valle-Inclán ha aumentado. Había leído de él alguna Sonata, una de sus Comedias Bárbaras, Cara de Plata, y Divinas Palabras, que me impactó bastante. Pero creo que Luces de Bohemia es su obra cumbre, por representar un extracto de la historia de España de final del siglo XIX, un compendio del pensamiento más sarcástico y crítico del autor y una síntesis de su producción literaria; Luces de Bohemia no es sólo teatro, es ensayo, narrativa y, sobre todo, la lírica que Valle, tras esa imagen dura y exaltada, llevaba dentro.


Formalmente la obra es innovadora. Está dividida en 15 escenas, sin actos que las agrupen. El número de personajes es elevadísimo, hay 52 que en algún momento mantienen parlamentos más o menos largos, más voces del pueblo. El tiempo en el que transcurre la acción es una tarde-noche, aunque durante la mañana del día siguiente tenga lugar el entierro; sin embargo los espacios son múltiples, hay trece ambientes diferentes: la casa de Max Estrella, la calle, la librería, la taberna, la gobernación, la cárcel, el cuartel de la policía, una plaza, el cementerio... Esto hace que algunas escenas sean cortas y se pase de un espacio a otro sin tregua. Difícil puesta en escena para solucionar los espacios alusivos a la representación e introducir ruidos y sonidos que a su vez vienen de otros lugares, como voces, sirenas, disparos que actúan a modo de ticoscopias para situar perfectamente al espectador.

El contenido, en principio, es sencillo —contrastando con la forma— Max Estrella es un escritor, poeta fracasado que, a la desgracia de quedarse ciego hacía un año, se le suma el despido del periódico en el que trabajaba. Casado con una francesa, Madame Collet y padre de una hija, Claudinita, ve con horror la imposibilidad de seguir manteniéndolas. Su amigo, don Latino de Híspalis, se ofrece a empeñarle unos libros pero con la única intención de sacar provecho, tanto él como el librero a quien se los lleva, Zaratustra. Al comentarle a Max a quién se los ha entregado, éste se espera lo peor y sale de su casa a recuperarlos «¡Claudina, mi palo y mi sombrero!». Así empieza la odisea: no obtiene los libros, y se van a una taberna, en la que Max consigue empeñar su capa para comprar un décimo de lotería. Se encuentran con un grupo de modernistas, terminan borrachos  y es detenido y encarcelado por faltarle el respeto al inspector. Los modernistas acuden al periódico a pedirle al director que interceda para sacarlo de la cárcel. Lo consigue, pero Max quiere ir al Ministerio de la Gobernación a quejarse formalmente. El ministro, antiguo amigo, le ofrece una pensión para su mujer y su hija, y él, humillado, acepta. En la calle, el frío de la noche y los espejos de la calle del Gato consiguen que se vaya deformando la realidad y Max Estrella, acurrucado en el portal de su casa, sin abrigo, muere aterido de frío. Don Latino lo deja allí y le roba la cartera. El décimo toca al día siguiente y, tras el entierro de Max, don Latino se gasta el dinero en la taberna y paga la deuda de la noche anterior, mientras la mujer y la hija de Max Estrella se suicidan.

Estructuralmente la obra es redonda, cerrada; las palabras de Max, al principio, serán vaticinadoras del final

Max.- [...] Podemos suicidarnos colectivamente»
Madame Collet.- A mí la muerte no me asusta ¡Pero tenemos una hija Max!
[...]
Max.- [...] Es una lástima la obcecación de Claudinita. Con cuatro perras de carbón, podríamos hacer el viaje eterno.

El trasfondo real de esta “odisea” es un viaje dantesco de Max Estrella, poeta andaluz guiado por Latino de Híspalis, durante la noche por diferentes lugares de Madrid, representantes de toda la sociedad española de principios de siglo. Como en la Divina Comedia, la mayoría de personajes con los que se encuentra son reales, coetáneos de Valle-Inclán, Max Estrella es la figura de Alejandro Sawa, poeta que murió pobre, olvidado, loco y ciego en Madrid en 1909. Zaratustra representa al librero Pueyo, editor de los modernistas (Gálvez, Rubén Darío, Dorio de Gadex). Tras el “Ministro” se esconde Julio Burell, ministro que ayudó a los intelectuales de su tiempo. Otros están sacados directamente de la literatura de Valle, para adoptar la figura de su creador y asistir al entierro de Max Estrella, porque a diferencia de Dante, Max no logra salir del infierno; así, abandonado a su suerte, sin recursos, sin reconocimiento, decide morir. Es curioso que la ceguera le sobreviniera un año antes de su muerte, como si no quisiera ver la caricatura en la que se había convertido España, con sus políticos que querían, ante todo, figurar, con sus administrativos inmorales, con sus bohemios inútiles, con gente sin fuerzas para luchar, sin cultura, sin futuro. España entera se convierte en la protagonista principal de Luces de Bohemia. Valle consigue una queja colectiva por lo que, únicamente, el país como colectivo podrá salir de ese vivir estúpido, frívolo, insolidario y angustiado (algo que un siglo después aún no hemos entendido).

Al ser un personaje colectivo no hay espacio para profundizar en él, pero esto a Valle-Inclán no le interesaba; la finalidad principal es ironizar sobre la situación a la que había llegado el país: los modernistas no viven en la realidad sino que literaturizan la vida y rechazan la cultura oficial, la realidad sociopolítica era propicia a la miseria material y moral. El autor no añade vicios ni inventa costumbres, sólo los deforma para que la crítica sea más evidente. En esta deformación reside el esperpento por eso Max Estrella, poeta arruinado, casi indigente, se expresa con un lenguaje refinado, con latinismos e ironías que requieren cierto nivel cultural para entenderlas. Max es un esperpento residente en una situación esperpéntica, en la que, por supuesto, todos los personajes son esperpentos. Sólo el preso político y la madre del niño muerto están vistos desde una óptica real para reforzar la reflexión amarga sobre el país.

En esta sátira el tema de la muerte y el suicidio son fundamentales; el pesimismo propio de la generación del 98 ante el problema de España no sólo es evidente sino hiperbólico.

El problema mayor es la decadencia cultural, la imposibilidad de la vida literaria en la sociedad española. No hay lugar para el genio creador ni para el que quiere trabajar, sólo progresan los canallas. Situación esperpéntica, de la que no nos hemos librado aún puesto que esta imagen deformada de España es la que siguen teniendo en Europa.

Función de las acotaciones.

Luces de Bohemia es una obra teatral épica, por la grandeza de sus recursos, por la visión global de España, que aparece en el corto viaje de Max Estrella por Madrid, y por la demostración general de todo tipo de vocabulario.

Valle deja poca libertad a la hora de representar su texto teatral, de hecho, el lector puede imaginar, gracias a las acotaciones, todo lo que tiene lugar en escena y, en algunos casos en los que se vale de ticoscopias, fuera de ella; mediante las ticoscopias amplía los límites del escenario y crea un espacio para acciones que no pueden desarrollarse materialmente en las tablas

...Ante el mostrador, los tres visitantes, reunidos como tres pájaros en una rama, ilusionados y tristes, divierten sus penas en un coloquio de motivos literarios. Divagan ajenos al tropel de polizontes, al viva del pelón, al gañido del perro...

Asimismo utiliza los deícticos para delimitar los lugares de la acción, organizar los movimientos y la estructura espacial de la proxémica

...Entra un vejete asmático, quepis, anteojos, un perrillo y una cartera con revistas ilustradas. Es don catalino de híspalis. Detrás, despeinada, en chancletas, la falda pingona, aparece una mozuela: claudinita.

Las acotaciones de Luces de Bohemia dotan a la representación de polifonía informativa gracias su carácter funcional. A veces cargan la importancia en los gestos de los personajes, pues aportan más información al espectador que las propias palabras

El librero, al tiempo que habla, recoge el atadijo que aún está encima del mostrador, y penetra en la lóbrega trastienda, cambiando una seña con don latino. Reaparece.

Otras veces van cargadas de sinestesias que, unidas a las cosificaciones, mezclan humorísticamente lo lírico y lo real, adoptando todo un aire prosaico

Zaguán en el Ministerio de la Gobernación [...] Aire de cueva y olor frío de tabaco rancio [...] Policías de la Secreta —hongos, garrotes, cuellos de celuloide, grandes sortijas, lunares rizosos y flamencos— [...] hay [...] un pollo chulapón de peinado reluciente, con brisas de perfumería, que se pasea y dicta humeando un veguero [...] Dando voces, la cabeza desnuda, humorista y lunático, irrumpe Max Estrella [...] Detrás asoman los cascos de los guardias. Y en el corredor se agrupan, bajo la luz de una candileja, pipas, chalinas, y melenas del modernismo.

En general, las acotaciones funcionan como verdaderos textos narrativos con finalidad estética, incluso simbólica que, aunque facilitan la puesta en escena, influyen sobre todo en la construcción imaginaria del lector, esto es una característica del estilo esperpéntico.

En ocasiones son explicaciones propias de un narrador omnisciente que ayudan a caracterizar al personaje

Don Latino interviene con ese matiz del perro cobarde, que da su ladrido entre las piernas del dueño.

o caracterizan al personaje, animalizándolo con el fin de denunciar la vida del pueblo

Escapa la chica salvando los charcos con sus patas de caña.

o lo hacen desaparecer mediante juegos de palabras

Máximo Estrella y don Latino de Híspalis, sombras en las sombras de un rincón...

En ocasiones las acotaciones utilizan la descripción para introducir al espectador en sucesos anteriores

Sale de la tiniebla el bulto del hombre morador del calabozo. Bajo la luz se le ve esposado, con la cara llena de sangre.

Y casi siempre son verdaderos poemas que se mezclan con líricas descripciones para dar a conocer los sentimientos el autor

...Faroles rotos, cerradas todas, ventanas y puertas. En la llama de los faroles un igual temblor verde y macilento. La luna sobre el alero de las casas, partiendo la calle por medio.
De tarde en tarde, el asfalto sonoro [...] Soldados Romanos. Sombras de Guardias...

En general las acotaciones contienen bastantes expresiones subjetivas, por lo que más que acotaciones son connotaciones de sus emociones

Sobre las campanas negras, la luna clara [...] A lo largo del coloquio se torna lívido el cielo [...] Remotos albores de amanecida [...] Despiertan las porteras.

Y, por supuesto, no debemos olvidar el humor negro, hiperbólico que aparece en aquellas acotaciones cuya finalidad es intensificar el esperpento mostrado en los diálogos

Aparece en el marco de la puerta el cochero de la carroza fúnebre: Narices de borracho, chisterón viejo con escarapela, casaca de un luto raído, peluca de estopa y canillejas negras.

Tampoco podemos pasar por alto aquellas que aluden, poéticamente, a la identificación del autor con uno de sus personajes novelescos, quien, rizando el rizo, aparece en el entierro de otro personaje teatral

...el marqués, benevolente, saca de la capa su mano de marfil y reparte entre los enterradores algún dinero.

Finalidad del diálogo.

Ante esto llegamos a la conclusión de que el texto dramático de Luces de Bohemia tiene un protagonismo desmedido; es una obra teatral que se va componiendo perfectamente en la mente del lector. El léxico es de una riqueza enorme y gran variedad; podemos encontrar palabras típicas del calé como «chanelar» (entender), «cañí» (gitano), «cate» (golpe), «dar mulé» (matar), «gachó» (hombre), «parné» (dinero), «pirante» (juerguista), «manque» (yo)...; voces típicas madrileñas como «vivales» (fresco, desaprensivo), «rezumar el ingenio» (caspa en los hombros), «naturaca» (naturalmente); expresiones populares «sombrerera» (cabeza), «tabernáculo» (taberna), «rufo» (chulo), «pájara» (astuta), «pan de higos» (partes sexuales de la mujer), «pescarla» (emborracharse), «pindonga» (mujer callejera), «iluminado» (borracho), «fiambre» (cadáver), «dar un mitin» (armar jaleo)... y vocabulario mitológico como «Estigia», «Buey Apis», «Artemisa, «Mausoleo», junto a palabras cultas , en desuso como «albando»(muy caliente) o «kermés» (fiesta al aire libre). Además encontramos el acortamiento propio de aquellas palabras que el pueblo utiliza a diario: «la propi», «la Delega», «un pipi» (pipiolo), «un jipi» (jipijapa – sombrero panamá), «la Preve» (Prevención). Este acortamiento, con expresiones irónicas, permite un uso humorístico:

El Capitán Pitito.- ¡Por borrachín, a la Delega!
Max.- ¡Y más chulo que un ocho! Señor Centurión, ¡yo también chanelo el sermo vulgaris!

Encontramos definiciones que funcionan como greguerías lúgubres: «La muerte(es), una carantoña ensabanada que enseña los dientes».

Hay expresiones costumbristas que hacen algo humorístico de situaciones amargas:

El sereno.- Camine usted
Max.- Soy ciego
El sereno.- ¿Quiere usted que un servidor le vuelva la vista?
Max.- ¿Eres Santa Lucía?
El sereno.- ¡Soy autoridad!
Max.- No es lo mismo

Asimismo en las citas literarias de Max aparecen alusiones metateatrales (a Ibsen, Calderón) y líricas, en las que se deja ver el desprecio a todos al considerarse a sí mismo el primer poeta de España, infravalorado (teniendo en cuenta que Max es un trasunto de Alejandro Shaw, la crítica social es feroz).

Dorio de Gádex.- Maestro, preséntese usted a un sillón de la Academia.
Max.- No lo digas en burla, idiota ¡Me sobran méritos! Pero esa prensa miserable me boicotea. Odian mi rebeldía y odian mi talento. Para medrar hay que se agradador de todos los Segismundos [...] ¡Y soy el primer poeta de España! ¡Y ayuno! [...] ¡Y no me parte un rayo! ¡Yo soy el verdadero inmortal, y no esos cabrones del cotarro académico! ¡Muera Maura!

Está claro que el vocabulario es rico, connotativo y amplio; las metáforas, metonimias y animalizaciones consiguen a veces arrancarnos una sonrisa, por la ironía que encierran

Max.- Don Latino de Híspalis: Mi perro

Y otras veces, nos hacen pensar, con horror, en el embrutecimiento al que puede llegar el español, capaz de ver en un mismo plano pérdidas materiales y la muerte de un niño

El tabernero.- El pueblo que roba en los establecimientos públicos, donde se le abastece, es un pueblo sin ideales patrios
Madre del niño.- ¡Verdugos del hijo de mis entrañas!
Un albañil.- El pueblo tiene hambre
El empeñista.- Y mucha soberbia
Madre del niño.- ¡Maricas, cobardes!
Una vieja.- ¡Ten prudencia, Romualda!
Madre del niño.- ¡Asesinos! ¡Veros es ver al verdugo!

De lo que no hay ninguna duda es del ritmo ágil de los diálogos, que contrasta con la lentitud y minuciosidad de las acotaciones. Esta rapidez en los parlamentos le aporta velocidad al tiempo en el que se desarrolla la acción, una noche es suficiente para dar un repaso a esa España atrasada, para reír ¿por qué no?, llorar y morir.

DON FILIBERTO.- !Para ustedes no hay nada respetable: iMaura es un charlatán!
DORIO DE GADEX.- El Rey del Camelo!
DON FILIBERTO.- Benlliure un santi boni barati!
DORIO DE GADEX.- Dicho en valenciano.
DON FILIBERTO.- Cavestany, el gran poeta, un coplero.
DORIO DE GADEX.- Profesor de guitarra por cifra.
DON FILIBERTO.- Qué de extraño tiene que mi ilustre jefe les parezca un mamarracho!
DORIO DE GADEX.- Un yerno más.

No sólo la ironía puebla las páginas del texto, el absurdo llega a límites insospechados; si en la librería de Zaratustra, éste mantiene un diálogo con los animales (ratón, gato y perro), en el entierro de Max, el periodista anarquista Basilio Soulinake proporciona una imagen surrealista haciéndose pasar por médico para impedir que se lleven el féretro.

MADAMA COLLET.- ¡Y si no estuviese muerto!
LA PORTERA.- ¿Que no está muerto? Ustedes sin salir de este aire no perciben la corrupción que tiene.
BASILIO SOULINAKE.- ¿Podría usted decirme, señora portera, si tiene usted hecho estudios universitarios acerca de medicina? Si usted los tiene, yo me callo y no hablo más. Pero si usted no los tiene, me permitirá de no darle beligerancia, cuando yo soy a decir que no está muerto, sino cataléptico.
LA PORTERA.- ¡Que no está muerto! ¡Muerto y corrupto!


Indudablemente el humor no deriva sólo de las palabras, la situación escénica es fundamental: la esposa y la hija estaban abrazadas, fundidas en el dolor cuando la portera aparece resollando para anunciar que está abajo la carroza fúnebre. El toma y daca de ahora cogemos al difunto, ahora lo dejamos, unido a los gestos de dolor de la familia con los de incredulidad de la portera conforman un cuadro esperpéntico, surrealista, digno de una escena cinematográfica más que teatral, por la movilidad de personajes. De hecho, Luces de Bohemia está considerada el primer esperpento, voz tomada del habla popular para designar lo feo, lo llamativo por escaparse de la norma, lo ridículo o grotesco. A partir de 1924, año en que aparece esta obra, esperpento designa un nuevo subgénero literario, el que devuelve una visión deformada de la realidad. Podemos encontrar, en el cine español, películas como El verdugo, de Berlanga o Así es Madrid de Luis Marquina. Incluso Luces de Bohemia fue llevada al cine en 1985, protagonizada por Paco Rabal, Fernán Gómez e Imanol Arias entre otros. (Aunque el elenco de actores era formidable, la película no funcionó. Como tantas otras veces, segundas partes no fueron buenas. Y es que pocas obras teatrales pueden igualar a Luces de bohemia, no en vano la Academia concede los premios Max de las Artes Escénicas desde 1998.