Páginas

lunes, 17 de julio de 2017

MACBETH



A. COMENTARIO CRÍTICO

El argumento de Macbeth está tomado de las Chronicles of England, Scotland and Irland (1578), de Raphael Hilinshed; según éste, Macbeth vivió en el siglo XI y fue primo de Duncan, un rey cuya excesiva blandura dio lugar a numerosas insurrecciones. Esta situación llevó a poner las tropas escocesas bajo el mando de Macbeth y Banquo —de quien desciende la casa de los Estuardos—. Restaurada la paz en Escocia, cuando Macbeth y Banquo cabalgaban hacia la residencia del rey, salieron a su encuentro «tres mujeres de atuendo extraño y singular».

Aquí es donde empieza la obra de Shakespeare, y en ella, el lugar, Escocia, no es lo importante, sino la forma de vida que impregna de primitivismo, de violencia tribal, de brujería y superstición, un ambiente en el que predomina un concepto mágico del mundo: brujas, ritos, la noche, el mal y la muerte, asociados al principio femenino (donde se incluye la esterilidad).

El simbolismo aparece con fuerza en Macbeth. Las imágenes asociadas a la muerte y las tinieblas se extienden a una naturaleza quebrantada como la crueldad humana, la dolencia y la esterilidad: la tierra que tiembla enfebrecida, el bebé estrellado por su propia madre, los caballos que se devoran entren sí, el alma llena de escorpiones... Frente a estos símbolos hay otros grotescos que aluden a la realeza de Macbeth vestido «como ropa de gigante /sobre ladrón enano», y otros esperanzadores, cuando el ejército inglés avanza cubierto con ramas verdes del bosque de Birman, símbolo de la fuerza regeneradora de la naturaleza (hemos de tener en cuenta que la obra se estrenó en tiempos de Jacobo I, de la casa de los Estuardo).

El futuro es una obsesión, que se enmarca especialmente en la descendencia de Banquo y, sin embargo, esta descendencia nos lleva al símbolo de vida más significativo de toda la obra: el niño, con todas sus asociaciones: el recién nacido que, denudo «cabalga el vendaval», el ensangrentado, el coronado con su árbol en la mano, la criatura sacada del vientre de su madre... El niño representa fecundidad, vida nueva, y evidencia la esterilidad de Macbeth «Ciñeron mi cabeza con estéril corona / y me hicieron empuñar cetro infecundo». No es extraño que Macbeth mande asesinar a la mujer y los tres hijos de Banquo, es la represalia de un tirano obsesionado con la infecundidad.

El recién nacido, Macduff, nacido por cesárea y por lo tanto símbolo de fuerza invencible, será quien más tarde dé muerte a Macbeth.

Pero a esta visión positiva del niño se opone la negativa que expresa Lady Macbeth; para ella la perfección es el hombre (que puede cometer el acto más sangriento) mientras que el niño es un obstáculo para sus planes, por lo que es imperfecto. El niño aparece opuesto al hombre, es la fantasía del poder materno frente a la de escapar de ese poder.

Lady Macbeth personifica las fuerzas del mal; como la Eva bíblica tienta a su marido para que cometa el crimen. Las brujas con sus ritos, también aseguran el concepto trágico de la magia que envuelve la obra, pues eligen el momento para despertar los deseos secretos de Macbeth. Las profecías consiguen sacar a flote todos los vicios del nuevo rey, convirtiéndolo en alguien temido por todos y siendo objeto de todas las sospechas de los crímenes cometidos; él mismo se delata en su fiesta de coronación al ver al espíritu de Banquo. La mujer ha cumplido su misión, por eso Lady Macbeth no vuelve a aparecer hasta que se suicida, enloquecida por el remordimiento. Su marido, ante la noticia, se muestra del todo insensible, su «mañana, y mañana, y mañana...» expresa el nihilismo al que ha llegado.

Las ideas religiosas de Shakespeare, sus convicciones espirituales, su fe en el más allá forman un Tema presente en sus obras, y en Macbeth más que en cualquier otra pues hay referencias bíblicas «LADY MACBETH.- ...Parécete / a la cándida flor, pero sé la serpiente que hay debajo», y otras admiten una interpretación católica «LENNOX.- ¡Que vuele un santo ángel / a la corte de Inglaterra y anuncie su mensaje / antes que él llegue». Sin embargo es escéptico, racional y reflexivo. Macbeth representa la lucha consigo mismo en la que cualquier rastro de ética es anulado por la ambición; en esa lucha vencerá siempre el lado oscuro, el mal es un hecho inevitable en el ser humano (el final abierto, pero similar al principio de la obra, así lo manifiesta). La fatalidad, el destino adverso, la predestinación bíblica marcan la suerte de quienes se dejan llevar por pasiones desbordadas (Macbeth, lady Macbeth, Duncan...) y de los seres más indefensos, en este caso la figura del niño y la mujer (encarnada en la esposa de Macduff); son pues, temas fundamentales en esta tragedia. Es terrible la imagen del niño siendo asesinado por su madre «cuando estaba sonriéndole, habría podido / arrancarle mi pezón de sus encías / y estrellarle los sesos si lo hubiese / jurado como tú has jurado esto». Es terrible la escena del hijo de Macduff rechazando a su madre para que no la maten como a él «HIJO.-  Me han matado, madre. ¡Huye, te lo ruego!» La falta de infancia, la esterilidad es otro tema importante «Ciñeron mi cabeza con estéril corona / y me hicieron empuñar un cetro infecundo / [...] he manchado mi alma por la prole de Banquo / ...”» Macbeth no tendrá frutos, su semilla maligna no se esparcirá por el mundo, sin embargo, cuando al final, el nuevo rey, Malcolm, nombra aleatoriamente condes a todos los que lo han ayudado, tal como lo hizo su padre Duncan al principio, da que pensar en que el mundo seguirá igual y la maldad permanecerá presente en el ser humano.

La dualidad sueño–realidad es otro tema recurrente en el Siglo de Oro, en Shakespeare y, por supuesto, en Macbeth «Es menor / un peligro real que un horror imaginario», aunque aquí el sueño vaya asociado a la muerte «¡Sacudid el grato sueño, / imagen de la muerte, y mirad / la muerte verdadera!» y ésta a la tranquilidad del que la sufre: «Más vale estar con los muertos, / a quienes por ganar mi paz, mandé a la paz». Sin embargo, el remordimiento hace que los protagonistas confundan el sueño con la realidad, suponiendo para ellos una tortura constante, de hecho Macbeth se autoinculpa ante todos en su cena de coronación «MACBETH (al espectro).- Tú no puedes decir que he sido yo. / ¡No sacudas contra mí tu melena ensangrentada» y Lady Macbeth termina suicidándose tras enloquecer al verse las manos ensangrentadas siempre; incluso durante el sueño ella permanece sonámbula delatándose ante los criados y el médico: «LADY MACBETH.- Lávate las manos ponte la bata, no estés tan pálido: te repito que Banquo está muerto; no puede salir de la tumba».

La confusión, la ambigüedad, se establecen a lo largo de la tragedia «Nada temas hasta que el bosque de Birnam / venga a Dunsinae, y ahora un bosque / viene a Dunsinae», de ahí que cuando Macduff va a Inglaterra a pedir ayuda a Malcolm para destronar a Macbeth, éste crea que es una trampa y le miente confesándose como violador, codicioso y malvado, hasta que comprende que está pidiendo su ayuda de verdad. La confusión hace que Lady Macduff, sabiendo que va a ser asesinada, no intente huir de un lugar en el que «suele alabarse el hacer daño / y hacer bien se juzga locura temeraria. / Entonces, ¿a qué acogerse a la defensa mujeril / diciendo que no he hecho ningún daño?». Y la confusión es la consecuencia de que el cuervo, animal dual pues, ha sido asociado a la sabiduría y a la muerte, debido a que en la Edad Media aparecían en los campos de batalla para “limpiar” los restos de los cadáveres, sea nombrado proféticamente tanto por Lady Macbeth «Hasta el cuervo está ronco de graznar / la fatídica entrada de Duncan / bajo mis almenas», como por el protagonista «La noche se espesa / y hacia el bosque tenebroso vuela el cuervo».

El paso del tiempo es otro de los temas que aparecen de forma obsesiva en Macbeth. El tiempo es fundamental para que Macbeth lleve a cabo su plan, acuciado por su mujer, de ser rey, por eso mata rápidamente al rey Duncan. Pero el tiempo actúa en su contra puesto que las Tres Hermanas vaticinaron que Banquo sería el patriarca de la estirpe de reyes, de ahí que no pueda disfrutar de su reinado y decida asesinar a su amigo y su hijo (que logra huir) la misma noche de su coronación como rey. El paso del tiempo es circular, todo volverá a la miseria del ser humano. Lady Macbeth se lo comunica a su marido cuando lo ve tras enterarse por carta de los designios que tenían las brujas para él «Tu carta me ha elevado por encima / de un presente de ignorancia, y ya siento / el futuro en un instante». Lo paradójico es que el futuro se igualará al presente en todo: Si Macbeth asesina al insurgente Macdonald al comenzar la obra, «lo descosió del ombligo a las mandíbulas / y plantó su cabeza en las almenas», al final es Macduff quien, tras matar al usurpador, le entrega la cabeza al nuevo rey, Malcolm «(Entra Macduff con la cabeza de Macbeth)».

La aparición de las brujas, Tres Hermanas, realza el ambiente de crueldad que se respira en la obra, pues sitúan la tragedia en el primitivismo y determinismo propios del siglo XI, época histórica en la que transcurre todo. Hablan con enigmas y conjuros, acentuando la superstición. Son la encarnación del mal, por eso se aparecen a Macbeth, y por eso él, a veces, también habla con acertijos «Antes de que dé fin el enclaustrado / vuelo del murciélago y a la llamada / de la negra Hécate el zumbido del inmundo / escarabajo anuncie la noche soñolienta, / se habrá cumplido una acción de horrible cuño». Y, desde el propio mal, desde Macbeth, presenciamos la tragedia; su punto de vista es el dominante, por eso penetramos en él y a veces nos sentimos tentados por lo prohibido e identificados con su degradación.

A.1. Personajes

Hemos comentado el carácter de los personajes principales al analizar los temas y el simbolismo, pero elenco es numerosísimo, podríamos llegar a contar hasta más de cuarenta teniendo en cuenta a los soldados, mensajeros o criados que queramos poner en escena. Algunos de esos personajes existieron de verdad, Fleance, Malcolm, Duncan,... prácticamente los principales; otros, como las brujas, o Hécate son producto de la imaginación del autor, representantes de la superstición y la maldad, tal como hemos comentado. Sólo aparecen en tres ocasiones pero esas escenas son relevantes para el desarrollo del argumento. Los asesinos de Lady Macduff o los de Banquo, incluso el nuevo rey Malcolm son personajes episódicos, aparecen con un fin específico, los asesinos para mostrar el poder de convicción de Macbeth mediante la amenaza o malas artes, y Malcolm para confirmar ese eterno retorno al que aludíamos. Aparece un anciano, o la Dama de Lady Macbeth, que funcionan como personajes colectivos pues él representa al pueblo, testigo de lo que está ocurriendo y ella encarna el papel discreto de todas las criadas. Encontramos asimismo personajes secundarios como Ross, Angus o Siward, cuyo papel se basa principalmente en ayudar a Macduff a conseguir su objetivo de acabar con Macbeth. Absolutamente todos son personajes dinámicos, redondos, van cambiando de parecer y de comportamiento a lo largo de la obra, todos rodean a Macbeth, y hasta sus hombres de confianza llegarán a recelar de él, por eso preparan una insurrección. Macbeth se representa al principio como valeroso y bueno, pero la ambición hace de él un ser despreciable que va pasando desde la cobardía (tiene que ser alentado por su mujer para cometer el primer crimen) hasta la desesperación que le causan el remordimiento y la excesiva confianza que ha puesto en su destino. Esto aporta asimismo otra característica de la obra: la dualidad, pues frente a la acción constante la función que tiene ante el espectador es la de introspección, reflexiva, por supuesto, a la vez que catártica. Las brujas como hemos comentado, entrarían en la clasificación de personajes alegóricos al representar la maldad de forma incluso hiperbólica.

A.2. Espacios

Igualmente los espacios son numerosos, sin embargo en las acotaciones explicativas no se nombran; sabemos dónde se realiza la acción por alguna réplica de un personaje «ANGUS.- Venimos a darte las gracias en nombre del rey / y a conducirte a su presencia».

Por supuesto esto deja total libertad al director de escena para establecer el decorado, incluso el vestuario. Una vez tenido esto en cuenta nos encontramos espacios tanto interiores: palacios de Escocia, de Inglaterra, casas de Macduff, de Macbeth... como exteriores: caminos, bosques... Son símbolos que funcionan como soporte de todos los signos creados en el argumento: la dualidad, la ambición, la superstición, la maldad, porque, al establecerse casi todos durante la noche, propician la brujería, el mal, la confusión, la degeneración y demás características negativas antes analizadas. Es decir, los espacios nos dan a entender tanto funciones prácticas como simbólicas. Debido a la cantidad de personajes y acciones, encontramos también ticoscopias, es decir, espacios que no vemos por estar fuera de escena, pero que un personaje nos los comunica; estos decorados verbales fijan el esquema espacial en el que se mueven los personajes, organizan las acciones y proyectan dimensiones simbólicas que iluminan el sentido de la obra al completarse con signos físicamente presentes en el escenario:

REY.-    Noble barón, ¿de dónde vienes?
ROSS.- De Fife, gran rey, donde las banderas
              noruegas se mofan del cielo y con su soplo
              escalofrían nuestra gente.
              El rey noruego, con un aluvión de hombres
              y el apoyo del traidor más desleal,
              el Barón de Cawdor, emprendió un aciago ataque
              ...
Así pues, bien sean espacios escenográficos múltiples o narrados, tienen función expresiva y simbólica

Macbeth ha sido representada constantemente desde el siglo XVII. Una de sus últimas adaptaciones la pudimos ver en el Festival de Teatro de San Javier, en agosto de 2016, a cargo de la compañía Alquibla.

Pero no sólo el teatro, Orson Wells tampoco pudo resistirse a llevarla al cine en 1948 y protagonizar él mismo el papel de Macbeth. Akira Kurosawa, en 1957, traslada la acción y el lugar al siglo XVI en el Japón feudal. También Polanski lo adaptó en 1971, y una de las últimas adaptaciones, es la dirigida por Justin Kurzel, con Michael Fassbender y Natalie Portman como protagonistas, y que se estrenó en 2015 en el Festival de Cannes.

En música destaca la ópera de Verdi en 4 actos, cuya última representación sirvió para que Placido Domingo cerrara la temporada del Teatro Real en 2017.

En pintura destacan los grabados de las tres brujas o Lady Macbeth sonámbula, de Fuseli, y la aparición del espectro de Banquo en el banquete, de Gustave Doré.

Y es que precisamente, por la ambigüedad y la confusión que reinan en esta obra, sea Macbeth la que mejor podamos identificar con el enigma que gira en torno a su autor. La grandeza de Shakespeare es innegable, lo de menos es que se cuestione su existencia, puesto que el genio trasciende al individuo. La genialidad es personal y las obras de Shakespeare son geniales; si fueron escritas por otro, sólo cambiaría el nombre. El legado es la obra, y ésta es universal, sigue viva en la cultura.

B. DIÁLOGO ESCÉNICO

Un director de escena debe caracterizarse por su gran percepción y sensibilidad para encontrar el significado de las palabras y expresiones de la obra y conseguir que llegue al espectador el verdadero carácter del personaje.

El diálogo de Macbeth es revelador pues lo que le interesa al autor no es tanto la época, el espacio o el tiempo en los que se desarrolla la obra, ni siquiera tienen demasiada importancia las réplicas; hay ocasiones en las que en una situación sumamente grave introduce expresiones populares, irónicas o casi humorísticas

REY.-    Asustaría a nuestros jefes, Macbeth y Banquo
CAPITÁN.- Si, como el gorrión al águila o la liebre al león

LADY MACBETH.- ...¿Quieres lograr
              lo que estimas ornamento de la vida
              y en tu propia estimación vivir como un cobarde,
              poniendo el “no me atrevo” al servicio del “quiero”
              como el gato del refrán?

El vocabulario está plagado de antítesis que refuerzan la confusión del personaje y gradúan la tensión dramática «Echando hiel en el cáliz de mi paz».

La utilización del verso permite, con aliteraciones, antítesis y el ritmo propio, acentuar las situaciones de brujería «cuando acaben brega y bronca / y haya derrota y victoria» y simbolismo adverso «Bello es feo y feo es bello / flota en bruma aire espeso» Las perífrasis antitéticas, y las paradojas que utiliza Lady Macbeth refuerzan la contradicción de la obra, y por ende, la oposición constante que se da en su marido. Ella ayuda al espectador a comprender la lucha entre el bien y el mal que tiene lugar en el interior del protagonista:

MACBETH.- ...¿Qué hora es?
LADY MACBETH.- La hora en que pugnan noche y día
              [...]
              Te falta la sal de la vida, el sueño.

Hay gran variedad de recursos literarios; además de las antítesis y contradicciones «Esta incitación natural / no puede ser mala, no puede ser buena», destacan las aclaraciones que, a modo de monólogo, el protagonista revela en Apartes al público para que, al tiempo que crece su tensión emocional, pueda penetrar perfectamente en la mente de Macbeth y empatice con su evolución desde el principio:

MACBETH (aparte).- ...
              La idea del crimen, que no es sino quimera,
              a tal punto sacude mi entera humanidad
              que la acción se ahoga en conjeturas
              y solo es lo que no es.

Las hipérboles engrandecen al personaje hasta que casi no parezca humano

REY (a Macbeth).- ...Ojalá fueras digno
              de menos: te habría dado la justa medida
              de premio y gratitud. ...

Irónicamente, conforme avanza la obra vemos que, efectivamente, alcanza niveles inhumanos de crueldad y ambición.

Las metáforas cumplen con una función adivinatoria, que no deja de ser irónica

REY (a Banquo).- ...Deja que te abrace
              y te estreche contra mi corazón.
BANQUO.- Si crezco en él, vuestra es la cosecha.

Los juegos de palabras, en los que abundan aliteraciones, anáforas, paranomasias y onomatopeyas, van encaminados a provocar una sensación intensa de ritmo y a aumentar la confusión del personaje

MACBETH.- Si darle fin ya fuera el fin, más valdría
              darle fin pronto; si el crimen
              [...]
              ... y atrapar
              mi suerte con su muerte

¡Pum, pum! ¿Quién es... (repetido hasta cuatro veces).

Frente a este desasosiego, el lenguaje popular, con inclusión de leyendas populares o refranes modificados «Falso rostro esconda nuestro falso pecho» no hace sino acentuar el caos interior.

Las imágenes históricas, que igualan las acciones de Macbeth con las de personajes de la Antigüedad contribuyen a elaborar un estilo culto al tiempo que funcionan como aviso de que todo vuelve, de que el paso del tiempo es circular, y la maldad no desaparecerá del ser humano «...y el crimen descarnado / [...] ...con los pasos de Tarquino el violador, camina hacia su fin / como un espectro...».

Otras veces la mezcla de tiempos verbales aporta rapidez a la acción y efectividad a la misma al conseguir un aspecto perfectivo, acabado «Voy y está hecho».

La pérdida de la razón de Macbeth llega al clímax al principio de la obra cuando, tras cometer el primer crimen, el del rey Duncan, él mismo se autoinculpa y se maldice utilizando los tres nombres que adquiere en la tragedia «...¡No durmáis más! Glamis ha matado el sueño, y por eso Cawdor ya no dormirá, Macbeth ya no dormirá».

Por último, es necesario señalar que las acotaciones son bastante escasas. Mantienen la finalidad de servir de guía para la escenificación de la obra «Salen nobles (y acompañamiento)» y consiguen remarcar el ambiente de brujería, magia, noche, muerte y confusión que veníamos comentando

Truenos. Entran las tres brujas al encuentro de Hécate

Entra el espectro de Banquo y se sienta en el sitio de Macbeth.

Entran Banquo y Fleance con una antorcha

Casi todas tienen un carácter objetivo. La parquedad de acotaciones cronoespaciales tiene sentido debido a que al autor no le interesa dónde ni cuándo se desarrolla la obra, sí es minucioso en los sonidos que destacan la grandeza del personaje «Clarines...» frente al temor «truenos» que conlleva la ambición.

Por el contrario, los apartes son los que aclaran la subjetividad del personaje y completan la intención de Shakespeare al escribir Macbeth.

C. ROLES TEATRALES

Para que la representación tenga éxito, es decir, el texto dramático se convierta en texto espectacular, debemos tener en cuenta diversos factores. Los roles son las funciones y responsabilidades que cada persona asume dentro del grupo.

Los actores deben asumir el rol del personaje que interpretan incorporando técnicas corporales como:

   La kinésica. Es una disciplina que estudia los gestos de la expresión facial, la mirada, las manos, brazos y piernas con finalidad expresiva, apelativa o comunicativa. Hay determinados gestos que ayudan a la comunicación verbal:

     Gestos emblemáticos, son conocidos y comprendidos sin explicación, como llevar la mano a la sien para saludar o colocarla en el pecho al oír un himno nacional.

     Gestos ilustradores, son los que acompañan el discurso y lo enriquecen, representan visualmente lo que se dice (con las manos, la cara...).

     Gestos reguladores, facilitan la interactuación y comunicación, como cuando indicamos, con la mirada, que esperamos una respuesta, levantamos la mano para “frenar” a nuestro interlocutor o la damos en señal de saludo.

     Gestos adaptadores, están vinculados al manejo de emociones, los realizamos tocando nuestro cuerpo o manejando algún instrumento. Son como tics y se incrementan con la tensión, el estrés o la concentración.

     Gestos emocionales, son los que sirven para comunicar nuestras emociones y sentimientos, intervienen sobre todo, el rostro, los brazos y la proxémica.

   La proxémica. Es la disciplina que estudia la distancia interpersonal como manifestación social y significante; las posturas, la ausencia o existencia de contacto físico pueden indicar desde intimidad hasta rechazo, temor, confianza...

Estas disciplinas ayudarán al lenguaje verbal. Todos estos gestos, tanto faciales como corporales, en movimiento o estáticos, permitirán al espectador visualizar en escena no al actor sino al personaje.

Tipos de personajes

   Principales. Núcleo de la acción dramática, sin ellos no habría conflicto que es el motor que pone en funcionamiento los diálogos y relaciones.

   Secundarios. Aunque no estuvieran el conflicto seguiría existiendo, pero normalmente apoyan a los principales a lograr su objetivo.

   Episódicos. Aparecen en episodios específicos sin alterar el conflicto entre el protagonista y su antagonista.

   Alegóricos. Su participación no pretende representar a un ser humano sino darle cuerpo a aquello  que no lo tiene, a conceptos abstractos.

   Colectivo. Aunque sea uno, representa a un grupo humano, por lo que encarna su forma de hablar, de ser, sus costumbres, sus creencias...

Por supuesto, la dicción y pronunciación son fundamentales, así como el tono o intensidad de cada parlamento, para revelar la forma de ser del personaje y su evolución ante determinadas circunstancias.

El rol teatral está definido por el texto dramático y a su vez define las relaciones con el resto de personajes, aunque también se impregnará de lo subjetivo de un actor, de ahí la cantidad de Macbeth (por ejemplo) diferentes que podemos observar.

El escenógrafo es muy importante puesto que pone a la vista las acotaciones espaciales y ambientales que reflejó el autor, aportando credibilidad a la representación. Actualmente se prefieren decoraciones no tan realistas sino más sencillas visualmente, con plataformas móviles o desniveles que faciliten el movimiento de los actores. La tramoya y la iluminación están muy relacionadas al escenógrafo; entre todos conseguirán transformaciones y efectos especiales que lograrán una atmósfera apropiada para que el espectador capte el sentido total de la obra.

Con la música y sonidos se consigue resaltar determinadas acciones o el clímax de algunas escenas.

El maquillador actual aporta mayor realismo a la obra o, en caso que interese como en la aparición de brujas o espíritus, transformará los rostros de los actores para conseguir la imagen deseada. En el teatro griego el maquillaje era compensado con máscaras que identificaban y diferenciaban a los actores.


Por último, para una exitosa puesta en escena tendremos en cuenta aquellas acotaciones que indiquen los rasgos de la escenografía y características de los personajes.

domingo, 9 de julio de 2017

HOMO ERECTUS


El narrador, Romualdo Holgado Cariño, terapeuta aficionado postfreudiano aprovecha su clientela de la consulta así como a sus amigos, parroquianos del bar La Inmaculada Concepción de María’s (regentado por Mohamed, quien gracias al Corán dispone de tres esposas y, a pesar de él, no le hace ascos ni al alcohol ni al jamón serrano), para encubrir un ensayo divertidísimo sobre el sexo y su evolución. Tras un concienzudo análisis basado en estudios psicológicos, médicos o sociológicos, encuestas y noticias reales, Juan Eslava Galán reflexiona con humor lo ocurrido al homo erectus. Por supuesto, este humor no está exento de lo que es una seña de identidad en su escritura, el sarcasmo para, de manera mordaz y desenfadada, hacernos ver que la sociedad no tiene el arreglo que nos gustaría. Las notas a pie de página forman por sí solas un segundo libro, en principio mucho más real que la ficción de nuestro terapeuta, y sin embargo, a veces no se distingue bien el chiste o el chascarrillo de la noticia.

Estructuralmente, Homo erectus se divide en tres partes: El libro primero: Evolución, está compuesto por 43 capítulos en los que se repasa el proceso sexual del ser humano en una sociedad que también ha avanzado. Partiendo de una base científica, se razona sobre la forma de ser del hombre y la mujer desde la prehistoria; cómo curiosamente ésta está preparada para tener el orgasmo más retrasado que el hombre, por el sencillo hecho de poder asegurarse el embarazo tras varios coitos sucesivos, debido a que el mono ancestral sólo copulaba cuando la mona estaba en celo, en el periodo de ovulación.

Una vez que se va desarrollando el cerebro, el mono quiere asegurarse de que la progenie le pertenece, por lo que sale a cazar mientras la mona guarda la prole y se encarga de todo lo demás. Ha nacido la familia y, desde siglos, la mujer ha venido soportado cualquier capricho del marido por miedo al abandono, debido a la falsedad, tanto tiempo en marcha, de que el hombre era más inteligente porque su cerebro pesaba más «El de la mujer es algo menos voluminoso que el del hombre, pero sus dos hemisferios presentan un 30 por ciento más de interconexiones nerviosas, lo que determina mayor operatividad y una media de inteligencia ligeramente superior».

La mujer había de tener cuidado; todavía hoy, desgraciadamente, porque lo que es cierto es que el hombre es más fuerte, y si ella topaba con un «macho alfa, debido a su tosquedad mental, se rinde y cede o [...] zanja la discusión con un tortazo».

En fin, debido a las diferencias físicas, psicológicas e intelectuales, el estado del matrimonio es peliagudo porque lo que a las mujeres les gusta, a los hombres no tanto «La extraordinaria inteligencia emocional de la mujer capta pequeños detalles, sutiles señales, imperceptibles cambios emocionales, descifra el lenguaje corporal, advierte afectos y desafectos. Los hombres, mucho me temo, carecemos de esas cualidades».

La testosterona es la causante de que durante la juventud el hombre sea más agresivo, cuando disminuyen los niveles se debilita la agresividad. La progesterona y los estrógenos son responsables de mayor grasa corporal en la mujer y de la sensibilidad excesiva sobre todo durante la ovulación, por eso, si un matrimonio sabe adaptarse a las diferencias logrará funcionar relativamente bien. A partir de ahí, de la base científica, la irreverencia se mezcla con la acidez para convertir todo el razonamiento en una lectura ágil, agradable y divertida. Algunos capítulos empiezan con chistes, sobre todo si la reunión tiene lugar en el bar, que aunque suelen ser malos imponen una sonrisa al lector «—Madre-de-siete-hijos, ¿tienes preparada la cena? —Aquí la tienes calentita, Padre-de-cuatro-hijos». Otros sucesos, sin embargo, son tan divertidos que no estamos seguros de que hayan ocurrido realmente, aunque ya se sabe: la realidad supera a la ficción en muchas ocasiones «Es notorio [...] la mamá del que hace de Niño Jesús intimó con uno de los padres presentes genéticamente superiores a su marido [...] Las monjitas comenzaron a cantar “Dime niño, ¿de quién eres?” [...] —Vámonos hijo, que son todas unas bichos».

Cuando Romualdo Holgado alude irónicamente a los engaños matrimoniales y al posible amante, aún no estaba la LOMCE, de ser así, los mejores colegios se hubieran convertido en colegios privados multilingües desde parvulario, para aquellos amantes que pretenden hacer creer a la mujer objeto de su deseo que «su marido no la merece, “Incluso tus hijos están mejor conmigo, seré como un padre para ellos y los matricularemos en los mejores colegios, nada de LOGSE analfabeta”».

Sin embargo hay capítulos que, más que humor, o datos científicos, son un compendio de normas para las parejas que, aunque evidentes, no viene mal recordar a menudo, o saber: El beso o morreo (capítulo 24), El clítoris y el punto G (capítulo 27) y Rutinas de mantenimiento (capítulo 33).

En esta evolución, el hombre ha ido subiendo con celeridad hasta llegar a lo más alto del mal llamado patriarcalismo, vulgarmente machismo, para caer no tan de repente como a él le parece, pues la mujer también ha ido evolucionando aunque más despacio, y se ha dado cuenta de qué es lo que se espera de ella en la sociedad «conservar la apariencia de una veinteañera genéticamente idónea para la procreación que atrae al macho proveedor-protector», por lo que, como al final eso es imposible decide, la que puede, dejar a su marido. Así se ha formado el club de las segundas esposas.

El segundo libro: Revolución, lo componen 18 capítulos, del 44 al 62, en los que la importancia recae sobre todo en la mujer y, como su nombre indica, en la revolución que ha ido emprendiendo desde que fue consciente de su valía. Es curioso que el capítulo 44 comience con una expresión que va tomando más fuerza cada día en el significado, tanto literal como metafórico «¡Las mujeres se nos han encimado!»; de hecho la palabra va siendo sustituida por el préstamo empowerment de las feministas americanas.

Creo que en esta parte, más si cabe que en la primera, es en las expresiones de algunos personajes de la tertulia o de su consulta, o en las notas a pie de página, donde el humor toma más fuerza «Quieren que seamos o todos moros o todos cristianos5. O sea no aceptan que el orden natural, de toda la vida ha sido que les exijamos fidelidad sexual mientras nosotros dispersamos nuestros genes por todo el hembrerío.
5 Es un dicho que no tiene más alcance, pero si lo tomamos al pie de la letra va a ser que todos moros, por ese camino vamos»

Es cierto que el recuerdo de los años 60 nos hace sonreír, ¡qué lejano lo vemos! «exigieron cocinas alicatadas hasta el techo con un fridge y horno para guardar sartenes»; la mordacidad de los comentarios no quita un ápice de verdad; al menos en la mayoría de casos, aunque la mujer tuviese cocina con horno, seguía llevando los asados a la panadería más cercana. Pero en realidad el día a día funcionaba de otra manera y, como casi siempre no fueron los españoles, sino en este caso los norteamericanos, quienes se dieron cuenta y lo dejaron por escrito «Si la sociedad española posee un mínimo de estructura, lo debe a los esfuerzos y sufrimiento cotidianos de las mujeres españolas [...] en caso contrario sería un paisaje de insensata anarquía (España pagana. R. Wright, Pléyade, Buenos Aires, 1970)».

Donde encontramos más acidez es en lo relativo a nuestra época, ¿es que no hemos cambiado tanto como creemos? ¿o es que, en nuestra evolución hemos experimentado una regresión? «—¿Cómo voy a darte tetas y culo —protesta la Naturaleza hecha un lío— si las tetas y el culo son acumulaciones de grasa y tú insistes en mantenerte esquelética».

A lo largo de todo el libro hay fotos y láminas —miserables algunas de ellas— que recogen visualmente el terrible testimonio de varias épocas de la Edad Contemporánea; después de verlas nos quedamos bloqueados al llegar a la conclusión de que hoy experimentamos nuevas situaciones desastrosas por satisfacer el instinto antes que el cerebro «Gracias al turismo sexual, enfermedades que se consideraban erradicadas en Occidente, la sarna entre ellas, han regresado».

Las reflexiones sociales nos ponen en nuestro sitio; es cierto que la vida hay que tomarla con humor, pero determinadas condiciones aberrantes se siguen dando actualmente y no hacemos lo suficiente por eliminarlas, como la ablación del clítoris de culturas «supuestamente respetables distintas a la occidental», como permitir que las niñas occidentales irrumpan en el mundo adulto maleadas, gracias a internet, o como aprobar que la mujer de hoy siga estando obligada a «embutirse en tallas inferiores de las que necesitan» para sentirse integrada en una sociedad que no ha dejado aún que la mujer sea valorada por lo que es y no por su aspecto físico. Con el sexo, tanto en hombres como en mujeres, sucede algo parecido, queremos ser tan perfectos que al final caemos en el hastío por comparación.

Homo erectus es un libro recomendable, yo diría que desde la adolescencia, no perdemos la sonrisa, incluso caemos a veces en la carcajada, pero tampoco perdemos el punto de vista mordaz que Eslava Galán siente ante los humanos en general, algunas instituciones, como la Iglesia, quedan denostadas sin problema, «...no podía practicar su afición los domingos y fiestas de guardar dado que, a la hora en que la comunidad travesti celebraba sus saraos, él tenía que estar oficiando para los feligreses de su parroquia» y ante las incongruencias particularísimas de muchos de nosotros, más de los que pensamos, no sólo de los que están cara a la galería, de ellos hay citados ejemplos de Tita Cervera, Isabel Preysler o Ana Obregón, quien como «ha observado agudamente: “Fíjate que las más tontas tienen a los listos más maravillosos y las listas e independientes están solas.” En efecto, tú que te creías tan lista y que siempre has tenido hombres con los que “salir” descubres, de pronto, que has alcanzado cierta edad y no tienes un hombre con quien “entrar”»; también el español de a pie debe olvidar sus fanfarronadas y conectar con mujeres rusas o latinas, vía internet porque «la mayoría tienen alguna tacha que les impide acceder por una vía normal».


La tercera parte, el Apéndice, son datos reales, escalofriantes y humillantes en los que queda constancia del machismo imperante desde las sociedades ancestrales hasta las actuales. Es cierto que hemos cambiado (y mucho) en las formas, pero en el fondo siguen dándose situaciones que están desamparadas por las leyes, o las ignoran, tanto humanas como divinas.

domingo, 2 de julio de 2017

MISS FIFTY


Acabo de terminar una novela que, en principio, me atrajo por tres razones, la portada parece un cómic, además prometía más dibujos puesto que anunciaba quién había realizado las ilustraciones: María Espejo, por otra parte fantásticas; la segunda razón fue la incongruencia del título, al menos eso me pareció pues el adjetivo Fifty no se correspondía con las viñetas de la portada; la tercera, por supuesto, fue la autora Rosa Ribas, con la que he pasado momentos increíbles leyendo las aventuras de su reportera Ana Martí en Don de lenguas, El gran frío y Azul marino (escritas en colaboración con Sabine Hoffman) y, por supuesto, la serie de la comisaria Cornelia Weber-Tejedor: Entre dos aguas, Con anuncio, En caída libre y Si no, lo matamos.

Si nos damos cuenta Ribas prefiere como protagonista a una mujer, que, ya sea periodista o comisaria, tiene una familia que compagina a la perfección con su trabajo. Son mujeres decididas, fuertes, buenas profesionales que no han olvidado su otra faceta de la vida, la intimidad, algo que, por lo general, parece ignorado por los protagonistas masculinos.

Lógicamente Miss Fifty es otra protagonista de Rosa Ribas, de nuevo la mujer al poder (y en este caso nunca mejor dicho). Marta Ferrer es una mujer trabajadora, casada con un abogado, madre de dos hijos, que acaba de cumplir 54 años cuando ha recibido su última sesión de radioterapia, tras someterse a una operación por un cáncer de mama. Hasta aquí todo entra en la normalidad actual, pero Ribas ha querido dar una vuelta de tuerca y ha hecho que la última descarga de radioterapia dote a Marta de una serie de poderes sobre humanos como la fuerza, la invisibilidad o la capacidad de volar. Y así comienza una novela escrita desde el humor, la alegría, la ternura y el ánimo hacia todas aquellas personas que han pasado o están en una situación parecida «...llegó a tres conclusiones: la primera era que lo que le sucedía se debía al rayo, [...] no se lo iba a contar a nadie [...] modificar a placer la temperatura del agua no estaba entre las nuevas habilidades [...] así que tuvo que girar el grifo del agua caliente con la mano, como siempre».

En realidad, los poderes de Miss Fifty son una alegoría de la situación por la que antes o después hemos de pasar las mujeres; la invisibilidad es evidente, llega una edad en la que la sociedad, consciente o inconscientemente te relega, lo vemos en las películas, las actrices más deslumbrantes pasan de ser seductoras a abuelas de primera categoría, no así el hombre, que puede seguir seduciendo aun cumplidos los 60; lo vemos en las series de televisión y, lo más triste es que lo vemos en la realidad, la obsesión por la eterna juventud nunca ha tenido tanta fuerza como ahora, parece como si llegada a una cierta edad, la mujer no sirviera para otra cosa que para sobrellevar el día; por eso la fuerza, la capacidad para enfrentarse al mal, hace de Miss Fifty una heroína. El otro superpoder es el de volar, y está claro que en la realidad si no nos dejamos llevar por nuestros sueños no vamos a tener fuerza para emprenderlos ni ilusión por llevarlos a cabo. Hay otros superpoderes que, curiosamente se desarrollan de forma desmedida en las madres: el oído finísimo (sobre todo en conversaciones familiares) y la vista como cámara de alta velocidad (fruto, en las madres, de la constante vigilancia a las que se ven obligadas desde el principio) «Algo me hace fijar la mirada en movimientos subrepticios y entonces puedo verlos como en cámara lenta. Puedo ver a los carteristas en acción».

Así pues, Marta, con un cuerpo que dista algo de lo despampanante, «...se hizo un traje de una pieza uniendo el pantalón y la chaqueta del pijama y ajustándolos a su cuerpo. Esto último no le gustó tanto porque le marcaba algo de tripa, pero tenía que ser así. Según Raquel, los trajes de superhéroes eran ajustados», ataviada con ropa cómoda, recién salida de una enfermedad que le ha dejado secuelas de dolor y debilidad, consigue transformarse en Miss Fifty y ayudar a combatir el mal que invade todas las sociedades. La primera en tenderle una mano es Raquel, su amiga de toda la vida, otra luchadora que ha sabido, a pesar de ser autista, integrarse en la sociedad y llegar a ser un «alto cargo en el Instituto de Estadística de la Generalitat». Otro que se une es el inspector Jordi Gurruchaga «de los Mossos d’Esquadra. Y si no me equivoco, usted es Miss Fifty». Ambos jugarán un papel importantísimo en el trabajo de Marta, Raquel es la que con su falta de imaginación y su lógica desbordante, encaja los cómics en la realidad, pero al mismo tiempo es quien nos pone en contacto con el día a día de las personas enfermas y las anima a luchar «—No pierdas el tiempo con los por qués, lo que ahora importa es cómo sales de esto». El inspector Gurruchaga será el encargado de mantenerla en el anonimato y, tras el aviso de ella, llevar a los policías hasta el lugar del incidente para que, cara a la sociedad, sean quienes lo han resuelto, aunque es cierto que también será el responsable de un conato angustioso de celos por parte del marido de Marta, que no entiende las salidas nocturnas de su mujer y las entrevistas constantes con el atlético inspector.

He comentado al principio que los poderes son metáforas de situaciones por las que pueden pasar las mujeres, pero hay más, el poder de Miss Fifty viene de las ganas de vivir, de hacer algo bueno mientras estemos aquí, simplemente para que nuestra estancia y la de quienes nos rodean sea más feliz, de hecho la kriptonita de nuestra superheroína es el miedo a empeorar «los controles médicos no solo mermaban las superfuerzas, sino las fuerzas a secas. Y era incapaz de estar al cien por cien hasta que recibía los resultados». De ahí que aparezcan supervillanos tan usuales y anónimos como Yodaína, gente tóxica que encontramos a diario y con la que nos relacionamos a pesar de que nos hace daño, o la Hormiga Atómica, representante de todos aquellos sin escrúpulos que tienen unas ansias de poder desmedidas y se rodean de otros poco inteligentes para poder manejarlos a su antojo «...le quitó la máscara con antenas que le cubría la cabeza y reconoció a una de las personas desaparecidas [...] al que su madre había descrito como “alma de cántaro”». O la Bola Platónica, parejas que siempre van sembrando el rencor que se tienen contagiándolo a quienes se encuentran con ellas, sólo por no hablar en el matrimonio, por dejar que el silencio vaya acrecentando el odio, sin ver que la solución está, precisamente en el diálogo, en escuchar al otro.

Asimismo aparecen nuevos héroes que también reivindican un feminismo como Catman «Como estas cosas de gatos siempres son de mujeres...», o Alina Plastilina, la mujer elástica, Monsieur T (de Teletransporte) quien hace un guiño a Míster T del Equipo A, pues lo que destaca en él es su poder telequinésico tanto físico como mental, y Espíritu Santo, cuyo poder, en un alarde humorístico total es que «Emito ondas que permite que las personas a las que capto en una red mental hablen lenguas que desconocen». Entre todos lograrán desarticular una banda de tráfico de personas, de la forma más humorística imaginable.

La narración es fluida, ágil, casi de cómic, a veces no hace falta mucha explicación, pero siempre humor «Blizardo [...] no llegó a saber si era superhéroe o supervillano porque se despeñó a los pocos minutos de adquirir sus superpoderes entre los que, por desgracia, no se encontraba volar». Otras veces nos encontramos con tópicos supermanidos que no por ello están tratados con menos gracia, como el chino manchego que no habla chino pero lo entona «Mi madre quiso que no perdiera del todo mis raíces y me hizo ver todas las películas  en las que se hablaba de mi abuelo Fu-Manchú o las del detective Charlie Chan». Es fácil pues, entre las ilustraciones, el humor, la ingenuidad, mantener la atención, pero, por si acaso, a veces el narrador nos hace preguntas retóricas que contesta rápidamente, para cambiar de ambiente, lo que le permite, por ejemplo, llevar a la vez la acción de Miss Fifty y la de la familia de Marta, «y la presencia maligna? Mientras M. Fifty salía con la moto a buscar a Espíritu [...] Yolanda escuchó los pasos de José Luis en el rellano...».


Novela divertida para todas las edades; creo que los adolescentes pueden disfrutar con estos nuevos héroes y los adultos podemos identificarnos con algunas situaciones de pareja, casi utópica, (pero por algo es ficción) «No dejaba de ser curioso que, de entre todos sus superpoderes [...] la invisibilidad (que les había descubierto interesantes posibilidades eróticas)—, el que más gracia le hacía a su marido fuera su capacidad para mover las orejas». Y todos, absolutamente todos, tendremos la oportunidad de darnos cuenta de que hay que vivir la vida con ilusión.