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jueves, 31 de diciembre de 2015

FELIZ AÑO

2016 será Cervantino y, por tanto, AURISECULAR por excelencia. Queremos unirnos a la celebración y por ello exhibiremos el logo del 4º Centenario de la muerte de Cervantes todo este año.

Hacemos nuestras las palabras de Vargas Llosa cuando afirmaba que «El Quijote, más allá de ser un clásico de la literatura española, es una historia inmensamente entretenida que define la condición del ser humano que, como El Quijote, tiene la necesidad de cambiar la realidad para que se parezca a sus sueños. Esa voluntad es lo que ha permitido al ser humano pasar de las cavernas y llegar a la era moderna para tocar las estrellas. Por ello debe empujarse a los jóvenes a leer el Quijote, pues además de vivir una aventura extraordinaria, uno descubre el poder extraordinario de la imaginación como motor de cambio del mundo en el que vivimos»


Deseo que tengamos un año pleno de libros y, por tanto, de paz ¡Sigamos leyendo!

lunes, 28 de diciembre de 2015

EN EL CIELO NO HAY CERVEZA

No conocía a Carlos Salem, no había leído nada de él, pero en principio En el cielo no hay cerveza me atrajo por el título, y porque es novela negra, por supuesto. Una vez terminada puedo saborearla mejor; al contrario que otras novelas que voy aprovechando cada momento, en ésta disfrutaba una vez que había dejado de leer, cuando pensaba en lo ocurrido; y es que durante la lectura me venían a la mente diferentes interferencias que impedían la concentración total ¿cómo será el autor? ¿qué edad tendrá? ¿a quién representa  en la realidad Jorge Tardío? ¿o Jessica Vanessa? No conozco a todo el elenco de la prensa rosa; y los personajes que aluden a otros tantos del evangelio también han conseguido que deje la lectura e investigue sobre ellos porque no recordaba bien a algunos, es verdad que los nombres me sonaban, los Zebedeo por ejemplo, pero no les asignaba un papel en el Nuevo Testamento. Asimismo el vocabulario empleado es algo desquiciante, todos hablan igual, con una especie de jerga urbana que hace imposible distinguir a Diosito del policía El Perro, del periodista, de la escritora travesti-mental Queca Osman, del pescadero Peter Simón, o de la madre de Diosito, Mariah.

Y ha sido en este ejercicio de localización cuando he entendido, creo, mejor la novela. La mezcla de nombres reales entre los personajes y la uniformidad de expresión consigue igualar a toda una sociedad. La irreverencia con la que son tratados todos aquellos representantes de la historia sagrada evidencia la poca credibilidad de una serie de acontecimientos que las sociedades han dado por ciertos, llevando al ser humano a niveles de ingenuidad impropios de un ser racional.

Me he reído a veces; creo que George S. Atan, nuevo marido de Mariah, padrastro de Diosito por tanto, tiene un papel entrañable en la historia. Con Mariah también he disfrutado, es esa madre coraje que no está dispuesta a que toquen un solo pelo de su segundo hijo. Y Diosito es inigualable, un personaje de apariencia inclasificable, entre simpática y repulsiva, un personaje al que sus actos acercan a todos los dioses que han poblado los diferentes cielos, juguetón según las oportunidades, caprichoso, malcriado, bondadoso a veces, a veces malvado.

En otros momentos he pensado que Poe debería haber dejado de beber cerveza. Es realmente angustiante leer escenas en las que la cerveza no se acaba nunca.

El protagonista, sin embargo, no ha conseguido que me identifique con él, no sé muy bien por qué, pero una vez leídas alguna que otra entrevista que le hicieron a Carlos Salem y ver su foto, quedó irremediablemente unida a El Poe y no he podido quitármelo de la cabeza en todo el relato. Puede que por eso me haya gustado menos. Creo que El Poe, más que protagonista, es un director de orquesta encargado de ir presentando a los personajes que realmente son los protagonistas, todos ellos, a su vez, miembros del ser global que hemos conformado y nos hemos conformado con el resultado: una sociedad desquiciada y desquiciante que consigue anular a la persona como tal para hacerla parte de una bufonada, un espectáculo en el que si no bailas al son del que lo dirige estás perdido, antes o después y, de una manera u otra, desaparecerás.

El argumento es una alegoría bastante original, el segundo hijo de Dios baja a la Tierra para reclamar su momento de gloria, tal como lo tuvo su “hermanísimo”. A partir de ahí ocurre todo lo contrario que leímos en el evangelio, es decir, son masacrados todos aquellos que se burlan de Diosito o no creen en él. El protagonista, Poe, deberá descubrir al asesino pues teme que detengan a Diosito, ya que la sociedad piensa que es una venganza de ese loco con aires de grandeza. Poe va hilando los hechos perfectamente hasta llegar a tres sospechosos que nos sorprenden en todo momento, pues los giros que van danto a la trama hacen que el lector cambie su punto de vista y su conclusión al menos tres veces. Al mismo tiempo, el protagonista se encarga de escribir la vida del hijo pequeño de Dios como si de un evangelio se tratara; cómo formó un grupo-secta con el que pretendía atraer a las masas para que lo siguieran, y así ridiculizar y desacreditar  al dios vigente, cómo se consagró, cómo quedó en entredicho y fue humillado delante de todos, y cómo se puso en peligro al no hacer caso a su madre que, por mucho que lo intentó, no pudo protegerlo.

De forma paralela hay dos historias de amor que, al igual que la sociedad en la que se desarrollan, están tildadas de engaño, la suya con Angélica, periodista cuyo fin inmediato es descubrir a Queca Osman Dendeiro, la escritora oculta de novela rosa-porno de gran éxito, y la del policía El Gato con Flor, recluida en un sanatorio mental desde que su novio, el hermano del Gato, la abandonó para casarse con otra.

Esta novela es indiscutiblemente negra, el ambiente sórdido de la telebasura por donde psicópatas, mafiosos, ladrones, prostitutas, criminales y policías se mueven de forma natural; los asesinatos pensados por la mente más retorcida (menos mal que no profundiza en las torturas, porque son espantosas), así como la trama que nos va descubriendo al asesino hasta llegar casi a la última página, la enclavan en este género policíaco. Estoy de acuerdo con el autor, al menos en parte, en que es de humor, podríamos decir que humor negro «Mientras me tomen en serio mis lectores, mientras lloren en una parada de metro con un capítulo y se descojonen de risa con otro dos paradas más tarde, lo demás me da igual» (Culturamas, 15-06-2015). Tiene además alusiones al cómic detectivesco, Magdalena recuerda a un personaje de Miller, endurecida por las circunstancias en las que la vida la ha envuelto, decadente, cínica y violenta podría pasear perfectamente por Sin City. En otro extremo, el inspector Arregui recuerda en varias ocasiones al número uno de los detectives que utilizan el disfraz para resolver sus casos, Mortadelo. Sin embargo no creo que Diosito difiera tanto de Jesús. Salem afirma en la misma entrevista que «Esta novela nace de dos supuestos y uno de ellos es que si hoy Jesús bajara a la Tierra, nadie le haría el menor caso…». Diosito tiene su público al principio, sobre todo cuando empieza dando a la gente lo que quiere, y algo así sucedió con Jesús quien también tuvo que realizar milagros para que lo tomaran en serio.

Novela negra que mantiene la atención del lector, que mantiene la intriga hasta que llegamos al final y el autor descubre la verdad y el lector se descubre ante el autor por la originalidad de la que ha hecho gala.

He tenido que terminar la novela y pensarla para llegar a la conclusión de que me ha gustado, pero, de señalar algo, me quedo con el tipo de mujer que atrae al Poe, puede que porque a mí también me gustaría ser así:


«Mujeres testarudas, firmes y un poco cabezotas, que a fuerza de darse de cara contra los muros, optan por hacerlo con los ojos bien abiertos y por eso adquieren esa expresión de perplejidad avisada […] Mujeres dueñas de una inteligencia tan aguda que acaba pinchando donde más suele doler, que poseen la suficiente lucidez para presentir sus propios errores y la necesaria generosidad como para celebrar, en honor a esos mismos errores, cuando llegan, una fiesta de bienvenida»

martes, 22 de diciembre de 2015

LA INCREÍBLE Y TRISTE HISTORIA DE LA CÁNDIDA ERÉNDIRA Y DE SU ABUELA DESALMADA

De nuevo he pasado un fin de semana fantástico gracias a los alumnos. En esta ocasión, mi amigo invisible, aunque no tanto, porque terminé descubriéndolo, se acordaba de una conversación que tuvimos y ha estado buscando el libro perfecto ¡Gracias Nico!

A un agradecimiento por ser un alumno excelente, tengo que añadir este regalo excelente. Porque Gabriel García Márquez lo es. Descubrí a Gabo con Cien años de soledad y me cautivó; creo que fue el libro que, si no cambió mi vida, sí cambió la manera de enfrentarme a la literatura. Y con el respeto absoluto que se merece, este fin de semana he vuelto a descubrir una prosa enérgica, oraciones que inundan las páginas formando un caudal de gran vitalidad. He vuelto a distinguir una realidad legendaria, mítica, en la que los milagros y la brujería se insertan en la vida diaria como otra cotidianeidad. He vuelto a explorar lo grandioso del mundo, lo épico, hasta convencerme de que no hay nada magnífico en él que no vaya acompañado de lo insignificante.

Y he descubierto a la minúscula Eréndira capaz, desde su soledad más absoluta, de llevar a cabo una gesta imponente; es cierto que en la atmósfera fantasmal en la que se mueve, no puede combatir sola el odio del que es víctima, por eso necesita otro sentimiento poseedor de la misma fuerza, el amor; por eso emerge Ulises, quien despliega en ella todo su amor divino hasta conseguir liberarla del monstruo hiperbólico que la domina.

La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada es una historia triste, una historia dura, como tantas otras cuyos protagonistas forman parte de un entorno implacable, una historia misteriosa como todas aquellas en las que la magia y el espanto van de la mano, una historia seductora, como el conjunto de las obras de García Márquez, donde las palabras brillan con luz propia y se combinan para conseguir que el interés por la lectura crezca progresivamente y la fascinación permanezca intacta hasta la última línea. Gabriel García Márquez, uno de los padres del Realismo Mágico, es un hechicero de la literatura. Podemos leer un argumento despiadado y, a veces incluso, sonreír. Como todos los grandes, Shakespeare, Cervantes, Kafka… Márquez puede mezclar en su trama un vocabulario culto con términos soeces, palabras cariñosas en situaciones humillantes, insultos con chistes, amor y dolor, pena y odio, porque, al fin, lo que interesa no es la historia sino el alma de los personajes. «La abuela contemplaba con un abatimiento impenetrable los residuos de su fortuna […] Mi pobre niña —suspiró— No te alcanzará la vida para pagarme este percance.»

A través del Realismo Mágico, el autor profundiza en las protagonistas hasta que ellas mismas exteriorizan su alma, hasta que son las representantes de un sentimiento. Son dos protagonistas antagónicas, y mediante antónimos vamos descubriendo en el ser humano la maldad y la inocencia, la tiranía y la humillación.

La primera confrontación aparece, evidentemente, en el título; la abuela desalmada frente a la cándida nieta. El espacio real en el que se desarrolla la historia es el desierto, sin embargo el mar domina todos los sueños y, a veces, se convierte en presagio metafórico «…se oían gritos lejanos, aullidos de animales remotos, voces de naufragio.» Sueño y realidad cabalgarán de la mano para interponerse constantemente «…él le respondió con una bofetada solemne […] la hizo flotar […] con el largo cabello de medusa ondulando en el vacío […] sucumbió entonces al terror, perdió el sentido, y se quedó como fascinada con las franjas de luna de un pescado que pasó navegando en el aire de la tormenta.»

La belleza de Eréndira contrasta con la fealdad del entorno donde se mueve, un entorno implacable, cruel que, actuando como una premonición, es capaz de personificarse para hacerle el mismo daño que pueden ocasionar los que la rodean «el viento de su desgracia» «el día que empezó su desgracia» «tuvo que contrariar el coraje del viento» «aquél fuera el viento de su desgracia» «mientras el viento daba vueltas alrededor de la casa buscando un hueco para meterse» «el viento de su desgracia se metió en el dormitorio como una manada de perros».

La alegría que causa la protagonista está envuelta en un halo de tristeza permanente, tristeza que se pretende imaginada a pesar de que en la realidad el fotógrafo la plasme una y otra vez hasta que desaparezca como vino, casi sin sentirlo, para dejar paso, esta vez sin testigos, al nuevo mundo íntimo de Eréndira «…vinieron hombres desde muy lejos a conocer la novedad de Eréndira […] mesas de lotería y puestos de comida, y detrás de todos vino un fotógrafo en bicicleta que instaló frente al campamento una cámara de caballete con manga de luto, y un telón de fondo con un lago de cisnes inválidos».

En constante oposición a la cruda realidad de la tierra desértica donde se desarrolla la acción, se sitúa el mar como espejo del cielo, como espacio inalcanzable que pertenece a los sueños «…vio una mantarraya luminosa navegando por el aire».

El mar supondrá para Eréndira la liberación absoluta, de ahí que sólo Ulises, con «un aura irreal» pueda salvarla de la ominosa condición que sufre.


La increíble y triste historia de la cándida Eréndira está considerada como una novela corta. Es cierto que no alcanza las 40.000 palabras que, como mínimo, debe tener una novela; es cierto que no se ha publicado sola sino con seis relatos más; es cierto que sus personajes son pocos; es cierto que el conflicto puede ser único: la desgraciada historia de Eréndira, pero en el Realismo Mágico puede suceder cualquier cosa y, desde la desgracia de Eréndira, el autor critica la avaricia de la abuela, la deshumanización de los hombres, la corrupción militar y gubernamental en torno a los personajes; esto y el carácter abierto permiten que la obra alcance la complejidad de novela. Una novela dura, es cierto, pero que conserva como toda la obra de García Márquez, como todas las obras de arte, una belleza absoluta.