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sábado, 21 de marzo de 2015

CABARET BIARRITZ

Se mire por donde se mire, esta novela es una genialidad. Creo que, si me lo propusiera, podría elaborar otro libro comentando éste de José C. Vales, porque todas las páginas contienen algo digno de mención: De entrada es un magnífico ejemplo de perspectivismo múltiple que George Miet transcribe con el objeto de escribir una novela, por encargo del editor de La Fortune, Philippe Fourac, sobre los dramáticos sucesos ocurridos en Biarritz en 1925.

Esta polifonía no implica un narrador que recoja las múltiples visiones de un mismo hecho porque en Cabaret Biarritz las interpretaciones de lo sucedido, las vivencias o recuerdos de los residentes se transcriben fielmente sin que aparezca la voz del entrevistador. Se da el caso, además, que Miet murió sin editar dichas conversaciones, por lo que en ningún momento ejerce de cronista que reconstruya los hechos que le van contando… No existe el narrador. Y nos enteramos de los acontecimientos en el orden en que el editor ha querido publicar las entrevistas que Gerard Miet realizó durante seis años (1938-1944).

Este perspectivismo múltiple aparece como un puzle gigantesco formado por 33 piezas que, en un principio no tienen nada que ver; así pues empezamos a leer la novela sin saber muy bien a dónde nos llevará, pero una vez “reconstruido” el rompecabezas podemos percatarnos de su perfección. Efectivamente, llega un momento en el que, donde parecía que leíamos retazos sueltos, percibimos colores que casan, formas que se ajustan a las que las rodean y, de pronto, cobran sentido pensamientos aislados y expresiones dispersas como pistas que favorecen el descubrimiento de la trama. El puzle aparece ante nosotros reconstruido, con una claridad total.

Pero la novela es algo más que la resolución de un enigma. Llama la atención el vocabulario caracterizador de personajes, a través del cual el autor retrata una determinada sociedad; los diminutivos despectivos conviven con el tono engolado de los mediocres “en cuanto terminen el poemita”, “mi novísimo teléfono de mesa, aún brillante y lustroso, con sus broncíneos remates…”; los tecnicismos apuntan a los renovadores y audaces de principios del xx “el enorme balón de hidrógeno comenzó a balancearse perezosamente…”; los coloquialismos y vulgarismos se centran en un nivel social bajo “… y yo le digo que a una servidora no le gusta hablar… si es para hablar bien más virtud que pecado será… El caso: que yo entré en casa de…”, mientras que expresiones paternalistas y falsas quedan en boca de la alta sociedad “Decían que aquella mujer había perdido el juicio porque un amante que tuvo la abandonó por su hermana. Eso decían, que yo no lo sé”.

Además la novela es un homenaje a la cultura en general y en particular a las vanguardias
literarias. No extraña, pues, encontrar guiños a Berceo y los Milagros, más concretamente El clérigo y la flor: “¿Por qué cree que los santos huelen a flores cuando se mueren?... han tenido que abrir las fosas de los santos varones… se han constatado vaharadas de… rosas y jazmines…”.

Alusiones a Dante “Siempre pensé que en aquella relación (entre Vilko y Beatrix) había algo dantesco…, perdone la broma”.

Referencias a Julio Verne “El Victoire era un precioso globo de hidrógeno”.

Mención a los clásicos “… si compusieron esos libros fue porque habían leído y estudiado a Homero, a Cicerón, a Séneca, a Tito Livio, a Horacio, a Virgilio…”

Indicaciones sobre el cubismo “Ese amigo tuyo, Picardo o Picasso o como se llame, se volvería loco si tuviera que dibujar con líneas rectas a Beatrix”.

Y, por supuesto, alusiones a la mitología. No sólo se especifica el mito de Hero y Leandro “… la librera enamorada se arroja a los acantilados pensando en convertir su aventura en una renovada versión del mito de Hero y Leandro”, sino que podemos considerar la novela como una moderna versión del mito de Pandora.

El mito de Pandora representa el sufrimiento que debe pasar la humanidad por causa de la curiosidad de la mujer… En fin, siempre a vueltas con lo mismo. Este mito se forma durante la creación del mundo; Prometeo y Epimeteo eran titanes que debían crear a los hombres y animales y dotarlos con algún don especial, pero cuando Prometeo modeló al hombre, Epimeteo ya había gastado todos los dones en los animales, así que robó el fuego a los dioses y el hombre pudo cazar, alimentarse y sobrevivir; pero Zeus montó en cólera y como castigo mandó crear a Pandora, la “omnidotada”, la primera mujer, modelada por Hefesto (dios del fuego) a semejanza de los inmortales. Cada uno de los dioses le otorgó una cualidad: belleza, gracia, sensualidad, persuasión… Finalmente Zeus le entregó una caja para que se la diese a Epimeteo al casarse con él; por supuesto no podía abrir la caja y por supuesto la abrió, de manera que todos los males encerrados salieron inundando a la humanidad. Cuando se dio cuenta del error cerró la caja dejando dentro la esperanza.

En Cabaret Biarritz, Beatrix es la omnidotada: bella, inteligente, divertida, sensual, deportista, alegre, rica, noble… y como Pandora, curiosa. Prácticamente es la que abre las investigaciones de los hechos ocurridos en 1925. El mal queda encerrado en la novela, subtitulada Los pecados estivales. De esta forma, al abrirla, como si de una caja de Pandora se tratase, van saliendo todos los males de la sociedad:

La curiosidad malsana que algunos periodistas, como Montagnard, manifiestan; las orgías y bacanales celebradas en locales con ínfulas, como Villa Belza; los rumores y maledicencias que algunas criadas, como Martine, difunden de sus señores; el placer del voyeurismo, aparece con el fotógrafo Marcel Galet; la incultura y superstición vienen de la mano del noble Gedeón Wilcox; la homosexualidad de Gina-Jane sale unida a la decrepitud social; el sadomasoquismo lo trae Lili; la deshumanización de los burócratas se ve reflejada en el secretario judicial; el robo y la extorsión aparecen con Gastón el enterrador; la usura con el joyero; la pintora Sara Chambers nos acerca a la amoralidad social, el juego y el nazismo; los chismorreos tienen su fuente en la cocinera Matilde Prie; la pornografía se cobija en el empresario cultural GG; la xenofobia aparece con Fevert y las estafas de la iglesia con Margulee Du Pont; los males alcanzan a los niños, el abandono infantil, la humillación y el maltrato traumático vienen con Olivia Czewolski y Pascaline; la explotación de trabajadoras se manifiesta en Honorine Pel; la incompetencia policial o la negligencia de los funcionarios; el rechazo a lo nuevo de los mandatarios culturales ; Khalil Kimal es representante de la corrupción policial y el cohecho; el juez Du Pont refleja el encubrimiento de delitos por parte del Consejo Superior de la Magistratura; con Pauline Bellay, femme distinguée, sale la envidia… ¿Y la esperanza?

Las “entrevistas a-la-Miet” desparraman los males por la sociedad de Biarritz, y el periodista se queda con la esperanza, don que toma Beatrix para partir a Nueva York con Vilko.

Y, aunque parezca increíble, todo lo anterior no constituye lo más apasionante del relato. ¿Cómo es posible que en una novela sobre asesinatos y corrupción destaque sobre todo el Humor? Pues lo es; el humor aparece en todas sus modalidades:

Humor absurdo, puede que con alguna influencia de Eduardo Mendoza “Se ignora por completo dónde se alojó en Burdeos, —probablemente en la estación de ferrocarril—“.

Humor en la enumeración de sinónimos contextuales “Se habían perdido, o se habían extraviado, o se los habían comido los gusanos o las polillas, o se encontraban en tan lamentables…”.

Humor en la elección de insultos “llamándolos cariñosamente escoria de pollos muertos”.

Humor derivado de lo que Miet pretende y la realidad circundante (Miet pretende que Fourac le publique su libro y Fourac) “había estado publicando panfletos para las SS… el cadáver ahorcado de Fourac estuvo colgado en la fachada de La Fortune durante tres días…”

Humor en las entrevistas transcritas literalmente pero sólo lo que dice el entrevistado “Bueno, si no le interesa… ¿y qué le interesa entonces? Ah, sí… eso. Ya. Hum…” El lector deduce la pregunta por lo que continúa contestando el interpelado.

Humor en las descripciones morosas de elementos imposibles de percibir “… entre el numeroso público… dos señoras aferradas a sendas porciones monumentales de tarta de nata y bizcocho con fresas, frambuesas, grosellas y arándanos…”.

Humor en la transcripción de recetas de cocina, con imágenes y comparaciones del lenguaje coloquial “…lonchas arrodilladas (pasadas por el rodillo) de carne de buey, que se enrollan con el menudillo dentro y una vez atadas como criminales se doran bien…”.

Humor en la descripción de actos para enterarse de conversaciones “Bueno, señor, a mí no me parecía formal que se pusieran a hablar de cuentos infantiles… así que conseguí que aquel ataque lumbálgico se me pasara de inmediato, cogí la cucharilla, bajé a la cocina y eso fue todo”.

Humor irónico en la religión "Margulée Du Pont ya no existe… Yo ocupo su nauseabundo cuerpo, pero otro espíritu habita su alma”, que llega a veces al sarcasmo “cuando crucé ese sagrado portalón de ancianísimas y venerables maderas, me juré no volver la mirada a las podredumbres del mundo…”.

Sarcasmo que deviene en humor grotesco cuando aparece la hipérbole “Todo se lo contaré… no utilice mis palabras, ni cite mi apellido, ni… este monasterio, ni la orden a la que pertenezco… o rogaré al Dios del cielo que descargue contra su malhadada cabeza toda la furia del Todopoderoso…”.

Humor en el equívoco “Que Dios lo perdone (a mi padre, digo; al secretario Judicial no se le podrá perdonar)”.

Humor en expresiones populares “Creo que fue mi propia madre la que…consiguió difundir aquellos rumores contra mi padre… hacían bromas soeces «el señor juez ha perdido el juicio por una vieja que ha perdido la cabeza»”.

Humor en la pedantería “Venit honos auro… Y si lo decía Ovidio ¿lo vamos a negar nosotros?”.

Humor en obviedades “… aparte de las dificultades que se me platean a la hora de detener a un ahogado como sospechoso…”.

Humor, en fin, para todo, incluso en las notas a pie de página, en las que continúa la narración tal y como la dejó en el argumento. El humor, el mito, el perspectivismo, el puzle, consiguen que Cabaret Biarritz sea una novela redonda, de las que empiezas, además, leyendo con una sonrisa y terminas de la misma manera.


Puede que me haya extendido algo más de lo habitual, pero no hace mucho hablaba con una compañera, creo que amiga, del mito de Pandora. Y de pronto aparece esta novela, así que, sin dudarlo, Patro, te la recomiendo porque sé que vas a pasar un rato fantástico leyéndola. Por supuesto la buena literatura la recomiendo a todos.